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Bursitis

La inflamación de las bolsas sinoviales es una patología que se presenta en las articulaciones, la cual puede provocar dolor e inmovilidad. Por tal motivo, es conveniente que conozcas qué es la bursitis y cuáles son los tipos más comunes que hay. Esta información la encontrarás explicada de manera sencilla en siguientes párrafos.

Además, podrás leer acerca de los factores que aumentan las probabilidades de contraer bursitis, como así también los principales síntomas que te advertirán de la presencia de la enfermedad. Por último, encontrarás los tratamientos que se practican en la actualidad y las preguntas frecuentes que hay sobre esta dolencia.

Definición: ¿Qué es la bursitis o inflamación de las bursas?

La bursitis es una patología generada por la inflamación en las bolsas de líquido sinovial, los cuales se ubican en las articulaciones. Estas bolsas, o bursas, se encuentran específicamente entre los huesos, tendones y músculos. Su función es permitir el deslizamiento de todas las partes para que se produzca el movimiento articulatorio sin fricciones directas entre los huesos.

Sin embargo, si por algún motivo se sobrecargan, lesionan o se infectan el sistema inmunitario produce un exceso de fluido sinovial, haciendo que muchas veces imposibilite el movimiento o dificulte la correcta apertura de la articulación. Es allí cuando se presentan los signos visibles de esta enfermedad, tales como hinchazón o abultamientos. Hay que tener presente que esta situación se puede presentar en diferentes regiones corporales como codos, rodillas, hombros y caderas entre otras zonas articulatorias.

¿Cuáles son los tipos de bursitis más comunes que hay?

¿Cuáles son los tipos de bursitis más comunes que hay?

Te mostraremos a continuación los diferentes tipos de bursitis que se pueden producir en cada articulación. Mira a continuación:

Según los tipos

De acuerdo con el momento y con el tipo de sintomatología de la enfermedad, se puede clasificar la bursitis en:

Bursitis aguda: la característica de la bursitis aguda es su aparición brusca o repentina. En poco tiempo se ve tejido inflamado y con cambio de color. La condición aflora a causa de una lesión, sobrecarga, presión en los tejidos blandos o infecciones. Es posible este diagnóstico si la piel tiene una temperatura elevada en la zona afectada. También es posible que se genere este tipo de bursitis por infecciones previas de algún agente contaminante. Esto es más frecuente en pacientes masculinos de mediana edad o con gota.

Bursitis crónica: si ocurriera un ataque agudo sucesivo en la misma zona articulatoria, es factible estar en presencia de una bursitis crónica. Este tipo de bursitis puede surgir luego de un tratamiento del cuadro agudo en el que no se tomaron las medidas necesarias. Un terrible error de los que lo padecen esta dolencia es no acudir al médico a tiempo. Llegado a este punto, el problema puede perpetuarse por semanas y meses, con lo que pueden producirse pequeños crujidos de los huesos cuando se mueve la articulación. Desde terapias hasta inyecciones, es el doctor quien decidirá el lineamiento a seguir para lograr la remisión.

Bursitis subacromial: es una de las más frecuentes, perturba una de las articulaciones con mayores movimientos axiales del cuerpo humano, el hombro. En esta dolencia se inflama la bolsa sinovial ubicada entre el acromion (hueso lateral que actúa como tope óseo natural de la escápula) los tendones y el troquiter afectando, en especial, a los tendones del manguito rotador. Esto provoca un dolor y sensación de pesadez; lo cual, por cierto, es probable que aumente si se rota, extiende o eleva el brazo. Esta bursitis aparece con mayor frecuencia en personas que desempeñan una actividad física que exige los movimientos del hombro, aunque también es posible encontrar causas relacionadas con el desgaste del cartílago, una malformación ósea o por condición degenerativa.

Bursitis isquial: también es denominada bursitis isquiática o isquioglútea debido a que la sensibilidad o fricción de huesos se siente en la cadera y, en algunos casos, hasta en la parte posterior del muslo. Puede causar hormigueo y perdida de sensibilidad en la cara inferior de las piernas. La afección se produce en la bolsa isquiática, sobre el isquion (hueso que forma parte de la zona inferior y posterior de la pelvis) y entre el glúteo mayor. Es probable que la aparición de esta enfermedad se debe a que persona pasa mucho tiempo sentada o por la práctica de deportes o trabajos en los que se sobre exigen los movimientos de la cadera y se mantiene una presión por largo tiempo sobre el isquion.

Bursitis trocantérea: esta es otra variante común de la bursitis, llamada también trocanteritis. En esta dolencia el dolor se intensifica en la zona externa, lateral y más pronunciada de la cadera pudiendo afectar más a los pacientes de sexo femenino. Su principal síntoma es una inflamación de la las bolsas con líquido sinovial ubicadas entre los tendones de los glúteos y el trocánter, en especial de la bursa superficial que recubre el trocánter mayor para soportar la fricción y tensión de la articulación. Las probabilidades de aparición de esta enfermedad aumentan en personas sedentarias, con obesidad, con artrosis o espolones. También en aquellas con pie plano o que se hayan lesionado en la cadera tras una caída.

Según la zona

Se puede clasificar la bursitis de acuerdo con el lugar en donde se ubica en el cuerpo la bursa afectada. Hay que tener presente que se puede encontrar cientos de bursas, por lo que mencionaremos solo a aquellas articulaciones en las que aparece de forma más frecuente esta enfermedad.

Echa un vistazo:

Bursitis de manos y muñecas: esta zona cuenta con dos bursas principales que hacen un trabajo individual, la cubital y la radial. Estas cubren cada tendón desde la mano hasta la muñeca. La primera funciona para los tendones que van hasta los dedos meñique, índice, anular y medio, mientras que la segunda ayuda a los movimientos del dedo pulgar. A causa de un golpe, una caída, un desgaste articular, infección (absceso de herradura) o por complicaciones terciarias se puede produce la bursitis de muñeca. En esta modalidad el dolor empeora cuando se escribe, se levanta un objeto con peso o simplemente se flexiona la articulación. En pocos casos graves el especialista optará por extirpar la bolsa sinovial. Generalmente la hinchazón cede evitando el estrés articulatorio.

Bursitis de codos: en esta área móvil se encuentra poco tejido blando para amortiguar la fricción. Siendo así, las bolsas hacen gran parte del trabajo de soportar la presión de los movimientos, por lo que es común que estas se inflamen y en especial en pacientes masculinos. También es nombrada esta dolencia como bursitis olecraneana debido a que la bolsa se ubica en la parte posterior del codo, en el olécranon. Una vez que se llena de líquido la bolsa es posible ver abultamientos pudiendo existir desencadenantes claves en esta dolencia. Por ejemplo, las personas que apoyan el codo mucho tiempo en la mesa, las enfermedades reumáticas y los casos infecciosos, los cuales ocurren con menos frecuencia.

Bursitis en tendón de Aquiles: es una de las más comunes debido a la complejidad de la anatomía del pie a la cantidad de articulaciones que hay. Esta enfermedad está ligada al tendón de Aquiles y se genera directamente en la parte trasera interna de los pies. Allí se alojan dos bolsas sinoviales de diferentes tamaños, siendo la más pequeña la retrocalcánea y la más grande es la calcánea subcutánea. Deben sus nombres porque se encuentran entre el tendón de Aquiles, el hueso calcáneo y la piel. Por normal general, la más predominante posterior es la afectada debido a que aguanta la presión entre la piel y el tendón que sufre como consecuencia del uso de un calzado inadecuado. Un gran porcentaje de los pacientes mejoran simplemente con tratamiento terapéutico y reposo.

Bursitis de hombro: en esta zona del cuerpo las almohadillas sinoviales disponen de una mínima cantidad de fluido para proteger el roce entre huesos y demás tejidos, por lo que este tipo de bursitis también es frecuente. Esta dolencia se origina por un trastorno de la bursa subdeltoidea o subacromial, ubicada debajo del músculo deltoides y del acromion, la cual se encarga de provocar un deslizamiento correcto en la articulación. Hay mayor incidencia de esta enfermedad en casos de deportistas o trabajadores manuales como también en enfermedades con procesos degenerativos como la tendinitis. El pinzamiento del hombro es otro factor a tener en cuenta para su diagnóstico.

Bursitis de tobillo: en esta parte del cuerpo se puede encontrar 3 huesos que encajan en el astrágalo y entre este, el hueso bajo del talón (el calcáneo) y el tendón de Aquiles es posible encontrar una bursa. Esta bolsa sinovial, llamado retrocalcáneo, es el encargado de facilitar la articulación del tobillo. Cuando aumenta su volumen surge el traumatismo de bursa en el tobillo, también llamado enfermedad de Albert. Esto puede originarse por sobrepeso, torceduras, movimientos repetitivos, mal formaciones óseas y factores hereditarios. En ocasiones muy puntuales, el síndrome de Haglund (agrandamiento de las partes óseas del pie) también conduce a esta patología.

Bursitis de cadera: cuando se sobrecarga la cadera se afecta la bursa que cubre el hueso trocánter, debido a esto la trocanteritis es la que más se menciona. Sin embargo, la bolsa isquial (cerca del hueso isquion) también forma parte de las patologías inflamatorias de esta zona del cuerpo. Los pacientes con estas afecciones describen un dolor punzante, intenso y que les dificulta el sueño siendo, por lo general, individuos de sexo femenino y de mediana edad quienes lo padecen. Aquellos que han tenido cirugías de cadera también presentan un riesgo potencial. De todas las modalidades, es una de las más perdurables que es propensa a volverse crónica sino es tratada a tiempo.

Bursitis de rodilla: en la rodilla es posible encontrar hasta once bursas. Una vez se altera alguna de estas se ve limitada la movilidad de la zona, produciendo un dolor intenso y, en algunos casos, abultamiento. Entre las más frecuentes se encuentra la bursitis rotuliana, la cual afecta la bursa infrarrotuliana superficial y la bursa profunda, estos casos son comunes en personas que pasan mucho tiempo de rodillas. También es recurrente encontrar pacientes con una inflamación en la bursa de la cara interna de la rodilla, esta dolencia se la conoce como pata de ganso o Pes Anserine, la cual puede ser medial, si se trata de la bolsa sinovial del semimembranoso, o prepatelar, en caso de manifestarse en la zona anterior, siendo propensas a crear hemorragias y hematomas. Es probable que el médico recomiende terapia en frío, junto al reposo, para disminuir la hinchazón.

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¿Cuáles son las causas y factores de riesgo de la bursitis?

Un aspecto que ayudará al mejoramiento de la sintomatología de la bursitis es determinar la causa o el factor que lo originó, de esta manera puede evitarse en un futuro próximo su reincidencia. Incluso podría ayudar a trabajar sobre la zona o a establecer el mejor tratamiento.

Hay que tener presente que estas circunstancias son las que hacen aumentar las probabilidades de contraer la enfermedad. Veamos a continuación cuáles son esos factores:

  • Sobrecarga: la exigencia que sufren las articulaciones cada vez que se levantan cosas pesas puede provocar el aplastamiento de la cavidad sinovial, lo cual puede llevar a inflamar una bursa.
  • Trabajo mecánico repetitivo por determinada actividad o profesión: si bien es cierto que la sobrecarga exige la articulación, esta no es la única causa por la que se ve exigida. Los movimientos que se realizan de forma constante y repetida pueden afectar el líquido sinovial dentro de la bursa, lo cual generará inflamación y dolor en la zona.
  • Traumatismos: las fracturas mal curadas o heridas recibidas en la articulación pueden afectar la cápsula articulatoria. Hay diversos factores de esto, pero los más recurrentes son los aspectos sépticos y los osteofitos que pueden quedar luego de curar el traumatismo. Esto provoca que la articulación funcione mal generando inflamación en la bursa.
  • Lesiones: un punto aparte de los traumatismos son los golpes en la bolsa sinovial. Esto puede estimular a la aparición de la enfermedad debido a que la articulación se ve seriamente afectada en su funcionamiento.
  • Movimientos bruscos: las acciones violentas que se realizan con la articulación la sobre exigen, estimulando que la bolsa sinovial no trabaje con el espacio suficiente, pudiendo crear inflación en las bursas.
  • Obesidad: las personas que poseen un exceso de peso corporal tienen un factor de riesgo adicional a la aparición de una bursitis. Esto se debe por la constante sobrecarga que sufren las articulaciones al caminar, pararse o agacharse, generando que la bolsa que contiene el cartílago articular se vea afectado en espacio, lo cual provoca un mal funcionamiento de la articulación.
  • Padecer artritis reumatoide: esta enfermedad degenerativa y crónica tiene sus secuelas cuando deforma las articulaciones. Una de ellas es la aparición de inflación en las bursas.
  • Sufrir de diabetes: tener un exceso de glucosa en la sangre por falta de insulina puede provocar fatiga y modificaciones musculoesqueléticos. Lo cual genera rigidez en los músculos, causando así un mal desempeño de la articulación y, por lo tanto, de las bursas.
  • Enfermedad de la gota, osteoporosis y fibromialgia: son algunas enfermedades causales de alteraciones inflamatorias en las bolsas sinoviales. Estas dolencias provocan rigidez y debilidad en las zonas de las articulaciones.
  • Edad: en este factor de riesgo es necesario distinguir por tipo de bursitis. Los varones de alrededor de 50 años son más propensos en contraer inflamación en las bursas superficiales, mientras que las mujeres de 55 años tienen mayores probabilidades de sufrir bursitis profundas.

Principales signos y síntomas que nos advierte que tenemos bursitis

Principales signos y síntomas que nos advierte que tenemos bursitis

La sintomatología pueda variar de acuerdo con la región afectada. Por ejemplo, en la rodilla se ve más hinchazón o hematomas, mientras que en la cadera es el dolor intenso uno de los principales indicadores. Sin embargo, existen patrones comunes que son muestras evidentes de bursitis.

Si se siente alguno de estos signos de la enfermedad lo más adecuado es visitar a un médico de forma urgente:

  • Sensación de pesadez o rigidez articulatoria: esto puede ir acompañado de dolor en las articulaciones, los cuales son síntomas característicos de la presencia de bursitis. Esto se provoca por diversos factores, siendo lo más común la acumulación de líquido sinovial y la tensión en tendones y músculos de la zona afectada.
  • Imposibilidad de realizar movimientos o ejercicios cotidianos: es posible darse cuenta de la enfermedad cuando al paciente le cuesta realizar las tareas diarias. La rigidez, por lo general, está provocada por la tensión involuntaria que realiza la persona para disminuir el dolor.
  • Hinchazón: la gran cantidad de líquido sinovial en la cápsula articulatoria puede provocar que se inflame la cavidad, provocando de esta manera una evidente alteración de volumen en la articulación.
  • Abultamientos anómalos: es posible encontrar en estos tipos de dolencias la presencia de nódulos o bultos superficiales. En estos casos hay que recurrir al doctor lo más rápido posible para descartar la presencia de otras enfermedades y tratar la bursitis.
  • Enrojecimiento de la zona articulatoria: la falta de riego sanguíneo en los vasos dilatadores hace que los mismos no trabajen bien y la sangre no circule de forma adecuada, lo cual provoca que los músculos y tendones generen un enrojecimiento fuera de lo normal.
  • Sensibilidad cutánea en la región afectada: la piel se ve afectada por la bursitis, por lo que los nervios que hay en la zona afectada se vuelven más sensibles al dolor, provocando que cualquier roce genere dolor.
  • Fiebre: este síntoma puede ir acompañado en algunos pacientes por temblores súbitos y sudoración nocturna.

¿Qué tratamientos hay para mejorar los síntomas de la bursitis?

Sea cual sea la causa, es necesario recurrir al médico para que diagnostique la enfermedad. Es probable que el médico realice preguntas, un examen físico y radiológico para obtener la certeza de la presencia de bursitis. En primera instancia se siguen tratamientos conservadores cuando la causa no es grave ni infecciosa, por lo que la inflamación en las bolsas sinoviales en la mayor parte de los casos mejora en pocos días.

En caso de que el resultado arroje infección más severa, se puede aplicar cualquiera de los siguientes métodos que te mostramos:

Terapias alternativas y complementarias

Es posible aplicar las siguientes terapias en pacientes con dolencia de bursitis:

  • Terapia de frío y calor: se aplica en estos casos un tratamiento que incluye el calor para disminuir la rigidez muscular y el frío para desinflamar la zona afectada, entre otros efectos. De esta manera es posible aplicar 3 a 4 veces por día hasta que los síntomas cedan poco a poco., pero hay que tener presente que esta técnica no debe superar los 20 minutos de aplicación por sesión. Se utilizan diferentes elementos para transmitir la temperatura deseada, desde bolsas con agua caliente o fría, baños (dependiendo de la articulación) localizados y compresas con geles especiales. No hay que usar nunca pomadas o ungüentos en este tratamiento, ya que estas cremas podrían afectar severamente la piel y producir quemaduras.
  • Terapia de compresión: colocando diferentes vendas elásticas, ropa de compresión o férulas diseñadas para ciertas regiones se mejora la circulación sanguínea e inmoviliza la articulación, además de comprimir las paredes venosas de forma controlada. Se usa mucho en las afecciones de rodilla con el fin de mermar la inflamación crónica, la pesadez y la hinchazón. Es necesario consultar con el médico antes de usar estos productos porque podrían inducir a lesiones al comprimir las bolsas sinoviales.
  • Terapia de masaje: algunos fisioterapeutas suelen recomendar automasajes guiados; por ejemplo, para la bursitis trocantérea. Estos son masajes de estiramientos y movimientos suaves en donde se aconseja evitar masajear directamente la zona cercana al hueso. Además de esto, es posible recurrir a un profesional para que, con diferentes técnicas, se logre disminuir la rigidez y la inflación. Lo que se busca como objetivo final es que el paciente sienta un alivio general.
  • Terapia de acupresión: con esta técnica china se busca presionar en diferentes partes del cuerpo para que disminuya la tensión muscular, mejore el flujo sanguíneo y aumente la sensación de bienestar del paciente. Este tratamiento se realiza usando solo las palmas y los dedos de la mano para presionar en las zonas estratégicas.
  • Termoterapia: el uso del calor es productivo para provocar la dilatación de los vasos sanguíneos. Esto mejora de forma considerable la disminución de la rigidez articular provocando una mayor abertura de la cápsula que contiene a la bursa. De esta manera es posible disminuir la inflamación en pocos días. Al igual que la terapia de frío y calor, las sesiones no deben exceder los 15 a 20 minutos y se pueden usar varios elementos para irradiar calor. Por ejemplo; geles especiales, mantillas eléctricas y bolsas con agua caliente.
  • Remedios naturales con uso de plantas: existen cientos de alternativas naturales que se basan en plantas para palear el dolor y la hinchazón. El chile, o ají molido, es parte de ungüentos que reducen el dolor debido a la capsaicina que poseen (analgésico natural). También es posible encontrar en estas terapias el té verde como un buen desinflamante y antioxidante. El aceite de linaza contiene compuestos activos benéficos para lubricación articulatoria, al igual que la cúrcuma, el jengibre y el vinagre de manzana. Estas plantas naturales deben verse como un complemento benéfico, mas no como un reemplazo del tratamiento médico.
  • Hábitos de vida saludable: lo primero que todo médico recomendará es sustituir las prácticas que han llevado a la persona a la sobrecarga. Por ejemplo, regular las actividades deportivas o los trabajos mecánicos. Para ello, la terapia ocupacional es una buena medida conjunta. También recomendará establecer una dieta con ayuda del nutricionista si se sufre de sobrepeso. Es allí cuando pueden entrar en juego ciertos suplementos alimenticios naturales para ayudar al fortalecimiento de músculos y demás. Por supuesto, estos deben ser regulados por los especialistas en salud antes de usarlos.

Suplementos alimenticios

Cuando los pacientes necesitan incorporar al cuerpo sustancias que no contienen en su organismo es necesario recurrir a agregados. Dentro de los más comunes se encuentran:

  • Glucosamina: denominado también como sulfato de glucosamina. Funciona para tratar dolores producidos por la artrosis u otras alteraciones en tejidos blandos, aunque no es recomendado su uso en personas con asma. También puede influir en los niveles de azúcar en sangre.
  • Aceite de pescado: una fórmula que promueven ciertos naturistas para mejorar los signos de la inflamación es el aceite de pescado. Dado que contiene ácidos grasos especiales como el Omega 6 y Omega 3, lo cual lo convierte en un remedio antiinflamatorio. Todo suplemento desde enzimas hasta aceites naturales como el de soya o pescado debe ser consultado con su doctor de cabecera antes de su uso.
  • Otros complementos: el magnesio, selenio, ácido hialurónico y sulfato de condroitina son algunos componentes que también se pueden encontrar en polvos, jarabes, comprimidos y líquidos alimenticios.

Tratamientos de fisioterapia

Respecto a su aplicación, la fisioterapia puede ser directa, subacuática o mixta. Esto lo decidirá el terapeuta, dependiendo del área y el agravamiento del paciente, siendo la subacuática es una estrategia muy empleada para eliminar el dolor. Mientras que otras veces se emplea como medio de activación de una pomada de cortisona.

La fisioterapia incluye:

  • Rutinas de ejercicio controladas: La visita al fisioterapeuta siempre estará orientada a mejorar la flexibilidad, el fortalecimiento de la estructura articular y elasticidad de músculos y tendones. De acuerdo con la edad del paciente, condición y demás factores se establece una rutina de ejercicios. Una combinación de estiramientos y suaves repeticiones (con o sin ayuda de pelotas y mancuernas, entre otros elementos).
  • Masaje muscular: en contadas situaciones los fisioterapeutas se valen de masajes musculares livianos. Estos tienen la meta de reducir el dolor por tensión. Sin embargo, en casi todos los casos tienden a no optar por ello como primera opción. Más estimulo solo empeoraría la situación de una bolsa ya sensible por sobrecarga.
  • Ultrasonido: estos aparatos se valen de la energía vibratoria de 3 MHz a 20 GHz, siendo en este último cuando se consigue una mayor penetración en los tejidos internos. Para las situaciones de inflamación aguda se utiliza el ultrasonido pulsado. En contraste con el que se vale del calor fomenta el mejoramiento especial de la inflamación y dolores.
  • Hidroterapia: se aplica esta técnica para facilitar gradualmente la movilidad. Con ayuda del agua se mueven las articulaciones de forma más sencilla y sin dolor, ya que se evita la gravedad terrestre. Está comprobado que dicho tratamiento terapéutico suele mejorar la respiración y el sistema cardiovascular.
  • Laser: es posible mitigar los síntomas por medio de la bioestimulación a nivel profundo. Pese a ser un método relativamente nuevo se han evidenciado resultados favorables pudiendo disminuir la hinchazón, las sensaciones dolorosas e inclusive evadir complicaciones óseas.
  • Criomasaje: a diferencia de una simple terapia de compresas frías, el criomasaje añade el masaje con hielo como medio reparador. Usando hielo u otro elemento frío se eleva la temperatura con el fin de mermar la hinchazón. Su forma de aplicación es lenta, suave y mantenida para que los tejidos y vasos sanguíneos mejoren.
  • TENS: es uno de los tipos de electroterapia más usados en la bursitis junto a US Pulsátil. Mediante este método se ejecuta una estimulación nerviosa transcutánea la cual debe ser regulada por un fisioterapeuta en cuanto a la duración e intensidad.

Medicamentos

Antes de empezar con este tratamiento hay que tener en cuenta que la automedicación puede traer problemas y complicaciones futuras en el paciente, por lo que nunca es recomendable tomar medicamentos sin antes visitar al médico.

La terapia farmacológica para el tratamiento de la bursitis está basada en:

  • Antibióticos: dependiendo del microorganismo que haya generado la anormalidad en las bursas el médico recetará uno u otro tipo de antibiótico. Deben ser tomados siguiendo las indicaciones prescriptas en la receta. Lo más recetados son el Clarythromycin, Eritromicina y Flucloxacillin. Con su ayuda se elimina y evita que la bacteria causante se reproduzca.
  • Antiinflamatorios: entre estos fármacos que los doctores pueden recomendar están el ibuprofeno, ketoprofeno, aspirina y naproxeno. Si bien algunos pueden conseguirse en las farmacias sin prescripción médica, no se aconseja la automedicación. Los antiinflamatorios sin esteroides tienen el propósito de disminuir la inflamación y su consecuente dolor. Por esto, casi nunca se mantiene tras la remisión de la enfermedad.
  • Corticosteroides: estos son una última tentativa cuando el resto de los métodos no provee mejoría. Se inyectan directamente en los tejidos blandos y no en forma de píldoras, ya que se tratan de réplicas sintéticas del cortisol. Esta es una hormona que el cuerpo produce naturalmente para mermar el tejido inflamado.

Cirugía y extracción de líquido

Se aplica este tipo de tratamiento en casos en que la enfermedad ha avanzado de forma significativa, las técnicas quirúrgicas más frecuentes son:

  • Aspiración de líquido: es posible que el especialista utilice esta terapia ante la sospecha de infección. Consiste en insertar una aguja y drenar con la jeringa para reducir el exceso de fluido, esto genera la disminución de la presión en el área para bajar la inflamación. En el proceso se utiliza anestesia local y lo más habitual es aplicarlo en las rodilla, codo y hombros. Sin embargo, la aspiración profunda a corto plazo puede generar dolor o hinchazón, por lo que se considera como un tratamiento más invasivo que las terapias.
  • Bursectomía: es una cirugía en donde se realiza una extirpación de las bursas. Tal procedimiento solo se circunscribe a situaciones graves o alto riesgo donde la condición del paciente lo amerita. Antes de proceder a realizarla, suele aplicarse todos los demás tratamientos conservadores. Dura alrededor de 20 a 30 minutos de acuerdo a la localización de las bolsas. Se utiliza anestesia general, raquídea o local en función del caso.

¿Qué métodos de prevención para la bursitis son los más efectivos?

¿Qué métodos de prevención para la bursitis son los más efectivos?

Aunque hay situaciones que escapan al control del paciente, los hábitos hacen la diferencia en la salud articulatoria. Fundamentalmente si se ha pasado por un cuadro agudo y se puede evitar el avance a un caso crónico.

Si quieres prevenir la bursitis, presta atención a la siguiente lista con los métodos de prevención más efectivos:

  • Hacer calentamientos previos a actividades repetitivas: Esto te ayudará a que los músculos y tendones de la zona de la articulación se vayan estirando lentamente, lo cual podrá soportar mejor los movimientos bruscos y la exigencia de peso.
  • Emplear una rutina de ejercicios gradual de acuerdo a tu condición física: Recuerda que el sedentarismo es una de las causas más comunes que se presentan en pacientes con bursitis, por tal motivo practicar deportes te ayudará a que las articulaciones trabajen de forma correcta. Esto ayudará al fortalecimiento de la musculatura circundante de la zona articulatoria.
  • Mantener una dieta balanceada: Comer sano y evitar alimentos con alto contenido en ácido úrico ayudará a impedir la aparición de microcristales en las zonas articulatorias, lo cual provocará sobrehuesos.
  • Usar protección a la hora de practicar distintos deportes: En especial, en aquellos en los que las articulaciones se exigen demasiado y pueden recibir golpes fuertes o cargas excesivas para evitar los riesgos de traumatismos.
  • Usar almohadillas acolchadas para articulaciones en contacto con superficies duras: Si necesitas caminar por mucho tiempo en zonas en los que el piso es duro es conveniente utilizar accesorios en el calzado para amortiguar los pasos.
  • Mantener una postura adecuada: Los hábitos de vida saludable no solo incluyen hacer ejercicios y comer sano, sino también reeducar al paciente para que adopte movimientos benéficos. De esta manera, hay que aprender a sentarse, subir o bajar una escalera y levantar objetos pesados desde el piso, entro otras cosas.
  • Implementar tiempos de descanso entre cada tarea repetitiva: Es importante que hagas descansar a la articulación cuando trabajas o practicas deportes. Esto te ayudará a evitar el desgaste del cartílago y a mantener en los niveles óptimos el líquido sinovial.
  • Interrumpir los movimientos si se ha notado que generan dolor las actividades: Si por algún motivo, las acciones que estás llevando a cabo complican el funcionamiento de la articulación provocando dolor en forma de pinchazo es conveniente discontinuar con la rutina y visitar al médico.
  • Dejar de fumar: El tabaquismo es un factor de riesgo muy común que se dan en las personas que padecen bursitis. Por tal motivo, es conveniente erradicar el hábito de fumar como así también el de beber alcohol.

F.A.Q: Preguntas frecuentes

Conoce a continuación cuáles son las preguntas habituales que se generan las personas sobre la bursitis:

¿Qué diferencias hay entre la bursitis y la artritis?

Su diferencia radica en la zona anatómica que se ve alterada. En la bursitis la sintomatología es provocada por la inflamación en alguna de las bolsas serosas que tiene la articulación. Mientras que en la artritis los huesos, las articulaciones y cartílagos (que se encuentran dentro de la cápsula sinovial) son los que se desgastan y, en algunos casos, desaparecen. Esto último es una enfermedad crónica, degenerativa e irreversible. Por el contrario, la bursitis en la mayor parte de los casos es temporal.

¿Qué diferencias hay entre la bursitis y la tendinitis?

En la tendinitis la inflamación se produce en el tendón. Es decir, la anomalía se genera en el tejido que interconecta el músculo con el hueso. Mientras que, el dolor, enrojecimiento, hemorragia e hinchazón de la bursitis es provocada en las bursas (las bolsas con líquido sinovial que se encuentran dentro del cuerpo articulatorio).

Además de esto, hay una propensión mayor de sufrir tendinitis a medida que se envejece. Esto se debe a que los tendones pierden elasticidad con el paso del tiempo. Por otro lado, la manifestación del dolor es otro diferenciador entre ambas. Respecto a la tendinitis el dolor aumenta y se extiende progresivamente a otras regiones del cuerpo. En tanto, la bursitis es más notoria con un súbito dolor intenso focalizado.

¿Qué diferencias hay entre la bursitis y la sinovitis?

El contraste entre la sinovitis y la bursitis es el área de tejido sinovial articulatorio lastimado. Para la sinovitis puede tratarse de la inflamación de cualquier parte de la membrana sinovial que recubre todo la bolsa sinovial. Ahora bien, la bursitis solo se focaliza en la anormalidad de la bolsa que soporta, lubrica y absorbe los roces de los huesos. Esta bolsa gelatinoso es creado a partir de la membrana sinovial.

¿Es contagiosa la bursitis?

No, los factores etológicos, es decir, causantes de la enfermedad son individuales. La aparición de la enfermedad puede deberse a traumatismos, infecciones, gota o trabajo mecánico forzado de la articulación. En ninguno de estos cuadros existe el riesgo de contagio de persona a persona.

¿Cuánto tiempo tarda en curarse una bursitis?

El tiempo que demore en recuperarse el paciente depende de varios factores. Por ejemplo, la zona lastimada, el tipo de tratamiento a seguir y la evolución del mismo. Algunas personas sanan con solo reposar la zona afectada unas cuantas semanas, mientras que otras necesitan tratamientos hasta de 6 a 12 meses. De hecho, si pasado este tiempo el área no presenta mejoras quizás sea necesaria una intervención quirúrgica.

En estos casos graves, el tiempo de recuperación posoperatorio puede alargarse aún más. Depende si el paciente tiene otras enfermedades degenerativas que incidan sobre esta afección o si está siguiendo de forma estricta el tratamiento y las terapias. De hacerse así la evolución de la bursitis tiene altos índices de remisión.

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