Terapia de frío y calor

Seguro que has escuchado hablar de la crioterapia y la termoterapia, pero… ¿y de ambas juntas? Este combo se conoce como terapia de frío y calor y, aunque es menos utilizada, lo cierto es que la encontramos en salas de rehabilitación tanto de hospitales como en centros de fisioterapia.

Aquí te vamos a descubrir qué es la aplicación de calor y frío, cuándo debe darse cada uno, cómo se colocan las compresas y otros elementos para llevar a cabo esta terapia y el resto de pasos que debemos seguir para que esta sea exitosa.

¿Qué es la terapia de contraste frío y calor y para qué sirve?

terapia de contraste frío y calor

Como bien deducimos ya, este es un recurso que se basa en el contraste de temperatura al que nos exponemos con intenciones diversas. Generalmente, los objetivos están relacionados con la mejora de lesiones, reducción del dolor, con la prevención de maltrato de una zona o incluso se está utilizando como método de relax o en cosmética.

Lo que se hace es exponer una zona de tu cuerpo (o, directamente, todo él), a una temperatura “alta”, de entre 38 y 42 grados (en agua, mucho más altas en vapor) durante un tiempo y, acto seguido, hacer lo mismo exponiéndonos a graduaciones muy bajas, las cuales dependen del tipo de exposición al que nos sometamos, pero que pueden ser incluso por debajo de los 0 grados. Esto se repite un número determinado de veces según el problema que estemos tratando.

Obviando el contraste en una misma sesión, también existe la terapia frío/calor, que consiste en aplicar uno y otro en momentos diferentes, según corresponda según en el momento en el que se encuentre nuestro sistema nervioso, muscular, nuestra lesión, etc. En este caso las sesiones son unas con frío y otras con calor, no se da un contraste inmediato.

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¿Cuáles son los beneficios de utilizar la terapia de frío calor para desinflamar?

Cuando sufrimos un accidente o realizamos mal una actividad física, por ejemplo, podemos llegar a sufrir una inflamación. Puede darse por una torcedura, por un golpe, por aplicar demasiado peso. A veces, no sabemos si ponernos algo caliente o frío y, ciertamente, es algo confuso. Sin embargo, teniendo claros unos sencillos conceptos, no debería haber problema.

En cualquier caso, es importante conocer cómo actúan el calor y el frio en las inflamaciones:

  • No hagas terapia de contraste: Lo primero que debes saber es que, en este caso, no se recurre a las terapias de contraste sino que tanto el calor como el frío se aplicarán en momentos bien diferenciados, dejando que actúen ambos tanto tiempo como sea necesario para que ayuden en su labor contra la inflamación.
  • Frío: El frío es el mejor amigo a la hora de bajar la inflamación de una lesión. Hace que la circulación y la actividad metabólica sean más lentas, reduciendo el flujo sanguíneo y evitando, con ello, que la zona siga aumentando de tamaño. También adormece y calma el dolor y se consigue una modificación tisular. El resultado es una sensación real de relajación, que lleva consigo al ausencia de actividad y, por tanto, el sobreesfuerzo y la hinchazón. Aplícalo con bolsas de frío o coldpacks para que se adapten a la forma de la zona inflamada o bien con aerosoles.
  • Calor: El calor alivia los dolores tiempo después de dada una lesión y es beneficioso en muchas otras circunstancias. Sin embargo, en relación a la hinchazón, que es la que nos ocupa, será positivo aplicarlo después, una vez el frío haya hecho su efecto, para devolver músculos y nervios a la normalidad así como el propio flujo sanguíneo. De no ser el caso, se corre riesgo de entumecimiento y dificultad para sanar la zona por falta de uso y de que, por mal uso, la zona vuelva a verse afectada y se infle nuevamente.

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¿Cuándo aplicar calor y frío según cada tipo de dolor y lesión?

Como acabamos de decir, aunque el calor no actúa como elemento principal a la hora de reducir el tamaño de una zona del cuerpo afectada por una lesión, traumatismo, etc., sí tiene otras muchas virtudes, al igual que el frío. Veamos cuándo es bueno utilizar uno y otro, especialmente en el caso del dolor.

Cuándo aplicar frío para una lesión

¿Cuándo aplicar frío?

  • El frío tiene efectos positivos al aplicarlo en nuestro cuerpo (crioterapia) y, por tanto, cuándo podemos beneficiarnos de su aplicación si tenemos algún tipo de dolor o, directamente, hemos sufrido una lesión.
  • El frío es antiinflamatorio. Esto ocurre porque ralentizamos el flujo sanguíneo al adelgazar las venas y, evidentemente, baja la temperatura del cuerpo, que ha aumentado para defenderse, duplicando su tamaño.
  • Esto hace que el dolor también se reduzca. Pero no sólo tiene efectos inmediatos. Este puede llegar a hacer que no se dañe tejido secundario.
  • También actúa sobre los nervios, lo que supone que sintamos cierto adormecimiento (dependerá de tu sensibilidad al frío, el tiempo de exposición, etc).
  • Es el recurso ideal para usar en las primeras horas desde el padecimiento del accidente, lesión o dolor. Más de 3 días después ya nunca es aconsejable más que para tratar de difuminar hematomas.

Las situaciones en las que el hielo (o el frío en general) resultan más adecuados son:

  • Golpes.
  • Esguinces.
  • Fracturas recientes.
  • Luxaciones.
  • Distensiones.
  • Tendinitis.
  • Sobrecargas y otros sobreesfuerzos del músculo.
  • Dolor en foco en la zona superior de la cabeza o entre los ojos.
  • Padecimiento de banda iliotibial (dolor en el lateral de la rodilla).
  • Espasmos.
  • Cefaleas.
  • Estrés que provoque síntomas físicos.
  • Dolor esporádico.

De hacerlo cuando no corresponde, pueden ocurrir cosas como:

  • Adormecimiento no controlado.
  • Atrofia de los nervios.
  • Hipotermia.
  • Aumento de la rigidez.
  • Congelación.

Como contraindicaciones tenemos:

  • Diabetes.
  • Hipersensibilidad o alergia al frío.
  • Problemas vasculares.
  • Problemas relacionados con el tacto y la percepción.
  • Apendicitis y otros problemas viscerales.
  • Patologías cardiovasculares graves.

Cuándo aplicar calor para una lesión

¿Cuándo aplicar calor?

La aplicación de calor o termoterapia resulta beneficiosa porque, al contrario que el frío, favorece el flujo sanguíneo por engrosamiento de los vasos capilares. Esto hace que los tejidos vuelvan a oxigenarse y a colmarse de nutrientes, volviendo, poco a poco, a la normalidad (entre otras cosas, vuelven a ser más elásticos).

A grandes rasgos, podemos decir que resulta más útil la aplicación de calor en todos los casos que no hemos comentado antes. El primero y destacable es si ya han pasado más de tres días desde que se da la situación de dolor.

Haz uso de la terapia de calor en los siguientes casos:

  • Tirones musculares.
  • Molestias tras sobreesfuerzos (recordemos siempre que irían unas sesiones de frío durante los primeros días por ser este indicado para remitir hinchazón, eliminar dolor, ayudar a adormecer la zona, etc).
  • Artritis y demás problemas óseos comunes o crónicos. (no fruto de un accidente).
  • Rigidez del músculo sin haber lesión.
  • Calambres y contracturas musculares.
  • Dolor como efecto de toma de fármacos.
  • Enfermedades que produzcan presión articular.
  • Falta de sueño.
  • Sensibilidad.
  • Fibromialgia.
  • Falta de movilidad temporal.
  • Falta de flexibilidad en ligamentos.
  • Ansiedad.
  • Dolor por menstruación.
  • Calmante de la inflamación (tras días con terapia de frío que la rebajen considerablemente).
  • Calmante general.

No debes aplicar más calor de la cuenta para evitar efectos como:

  • Aumento de la inflamación.
  • Quemadura y otras heridas.
  • Irritabilidad.
  • Mareo.
  • Sueño.
  • Fiebres.
  • Dolor.

Algunas contraindicaciones de la termoterapia son:

  • Hemorragia (no se debe aplica calor en heridas abiertas porque favorecemos el flujo sanguíneo).
  • Cardiopatías.
  • Apendicitis.
  • Toma de anticoagulantes.
  • Problemas en las prominencias óseas.

¿Cuándo aplicar el contraste frío/calor?

El contraste frío calor en una misma sesión se da en ocasiones bastante particulares y/o que también pueden tratarse con una única de las terapias. Por ello, lo mejor es que esta terapia mixta se consulte siempre con un experto.

Los baños de frío/calor o baños de contraste tienen efecto antiinflamatorio, mejoran el metabolismo, relajan, centran la atención, nos hacen volver a la normalidad.

Estos casos serían:

  • Nutrición de los músculos: El calor alimentará el músculo y el frío pasa a retirar los residuos o células muertas, toxinas, etc. Esto debe realizarse varias veces, acercando cada vez más las temperaturas, es decir, haciendo las inmersiones en frío a temperaturas más altas y las calientes, más bajas, de manera que acabes la sesión con sumergidas no tan contrastadas que ayudan a que la zona vuelva a la normalidad. Es ideal para recuperarse tras períodos de inmovilización
  • Dolores de cabeza o mal foco: De manera similar, tenemos que el frío va a reducir el dolor, de manera que debes aplicarlo en primer lugar para que logre la actuación más necesaria y más evidente. Además, si tus nervios se están viendo afectados y mandando señales al cerebro, esto dejará de ocurrir. Después, se debe aplicar el calor para normalizar el flujo y la temperatura.
  • Reuma: Es un claro ejemplo de patología que se beneficia por igual de ambas prácticas puesto que ambas tratan el dolor y no son desaconsejadas por ningún otro motivo. Esto lo podemos extrapolar a cualquier otro problema que podamos tener.
  • Flexibilización de los capilares: Trabajamos vasodilatación y vasoconstricción, reforzando la elasticidad de los vasos y propiciando el flujo sanguíneo.
  • Limpieza de los tejidos: Los edemas se reducen, el sistema linfático trabaja mejor y las células muertas corren por el torrente sanguíneo, que trae nutrientes y oxígeno,
  • Sensibilización del sistema nervioso: Ayudamos a volver a la normalidad el sistema nervioso tanto si se ha atrofiado, por ejemplo, por un accidente como si hemos sido nosotros mismos quienes, al ponernos frío, lo estamos continuamente haciendo trabajar con mayor y menor dificultad.

Por otro lado, sí podemos considerar el alternar aplicaciones de frío y de calor en un mismo día, siempre después de las 72 horas tras la lesión o accidente, de manera que el frío ya haya hecho casi todo su trabajo y el calor no llegue a ser contraproducente.

La esencia es la misma que hemos explicado con los baños de frío y calor: someter al cuerpo o la zona a ambos situaciones contrastadas para que se beneficie de lo que los opuestos tienen que ofrecer. Pero, por supuesto, esto se hará, como hemos dicho, después de realizar la crioterapia (que es la que se aplica en primer lugar en lesiones) y, por supuesto, cuando una u otra no estén desaconsejadas.

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¿Cómo se hacen las terapias de frío y calor de forma correcta para recuperar y desinflamar lesiones?

terapias de frío y calor

Como podrás imaginar, y aunque todos lo hemos hecho alguna vez, ponerse calor o frío, y mucho menos una combinación de ambos, no es algo que podamos hacer a la ligera. Las pautas, aunque parecidas, diferirán del motivo por el que lo hacemos y, también, del estado en el que nos encontremos. Estos no son fármacos pero también debemos tener cuidado y hacer un uso responsable de la crioterapia y la termoterapia, aunque sea a nivel casero.

¿Cómo aplicar frío?

En general, considera lo siguiente a la hora de aplicarte frío:

  • Procura recurrir siempre a productos específicos para la crioterapia como sacos de semillas, almohadillas de gel, coldpacks, compresas frías, etc.
  • En caso de no contar con estos recursos, utiliza una bolsa de guisantes congelados (su pequeño tamaño permitirá adecuar la bolsa a la forma de tu cuerpo).
  • Si tienes que utilizar hielo, tritúralo y, ten siempre una capa, por delgada que sea, de tela, plástico u otro material que no se rompa con el agua entre este y tu piel.
  • Si quieres hacer aplicaciones cortas y seguidas, no sobrepases los 15 minutos y espera una hora para volver a aplicar siempre que la zona no se encuentre entumecida, adormecida o presente algún inconveniente propio del exceso de frío.
  • Otra pauta de aplicación, que es la más recomendada, es de exposición de 20 o 25 minutos cada 4 horas, espaciándolas a 6 si consideras que no lo necesitas.
  • No dejes que el frío quede en una zona durante demasiado tiempo; aplícalo con suaves y lentos masajes. Así evitas la congelación y vas tratando una zona más amplia.
  • Eso sí, deja quieta la zona, a no ser que estés nadando o practicando los ejercicios prescritos.
  • Lava tanto la zona afectada como todo el material que uses.
  • Sécate después de la aplicación.
  • Los baños en piscina son ideales para reducir la inflamación de las articulaciones periféricas.
  • Los masajes serán convenientes en los casos de inflamación superficial de excelente localización.

¿Cómo aplicar calor?

En el caso del calor, ten en cuenta los siguientes puntos para practicarte la termoterapia sin riesgo y con excelentes resultados.

  • Elige bien el recurso a utilizar; hay muchos: bolsas, frazadas, mantas, sacos, paños, compresas, vaporizadores… Los parches calientes, por ejemplo, son ideales para espasmos y para aumentar la flexibilidad.
  • Puedes pasar más tiempo expuesto a calor. Por supuesto, a mayor temperatura, menor tiempo de exposición.
  • Del mismo modo, no es necesario dejar pasar tanto tiempo entre una aplicación y otra. Siempre que cuentes con tiempo y que la zona que quieras calentar no esté maltratada por el calor, hazlo.
  • Nunca puedes pasar los 58 grados centígrados. Sería extraño pero, aunque puedas, no lo hagas, este es el punto de sensibilidad de la dermis humana. Con subir unos 12 o 14 grados la temperatura que tengamos debería ser suficiente.
  • Igual que con el frío, no pongas el calor directo sobre tu piel. Si usas aparatos de calor, no desestimes sus protecciones. Para lo más casero, una cobertura fina y limpia bastará.
  • No apliques calor después de hacer ejercicio.
  • Nunca lo combines con mentoles.

¿Cómo aplicar frío/calor?

Si optas por sesiones de frío calor alternativas, considera lo siguiente:

  • Esto es algo que debe recomendar y, por supuesto, realizar, un profesional.
  • Si hay tanto dolor como lesión recientes, siempre se debe aplicar el frío en primer lugar.
  • De no ser así, lo habitual es comenzar por la inmersión caliente.
  • Un experto debe determinar el tiempo de inmersión así como la temperatura de cada elemento. Por lo general, el agua caliente estará a un máximo de 45 grados y nos sumergiremos entre 3 y 6 minutos. El frío sería más variable, entre los 10 y los 20 grados y lo aplicaremos menos tiempo, hasta 3 minutos como máximo (si la sumergida es de cuerpo entero no sobrepasaremos los 2 minutos). Debemos repetir sumergiendo en calor y frío al menos tres veces en cada cual.
  • Se termina en frío si tu lesión aún está caliente, es decir, se se ha hecho hace muy poco. En caliente será cuando haga más tiempo o estés tratando algo crónico o recurrente o bien si padeces de rigidez.
  • Realiza los ejercicios que se consideren dentro de las cubetas, durante las inmersiones.

F.A.Q: Preguntas frecuentes

¿Es mejor empezar aplicando frío o calor?

Todo va a depender del tipo de lesión que se desee tratar. Para una lesión aguda, justo en las primeras 48-72 horas después de haber ocurrido, lo ideal es comenzar con el frío por unos 5 minutos, para luego aplicar el calor por el mismo periodo de tiempo. De este modo se consigue primero una vasoconstricción que reducirá la inflamación, para posteriormente dilatarse cuando se aplique el agua caliente, lo que favorecerá el drenaje de posibles edemas que puedan formarse en los tejidos blandos.

En el caso de lesiones crónicas la recomendación es la opuesta, y se debe iniciar con el agua caliente para mejorar la circulación sanguínea en los primeros minutos de la sesión, y luego aplicar el frio como agente constrictor que generará alivio del dolor. En este caso los tiempos de aplicación cambian y se iniciar aplicando la compresa caliente por un máximo de 3 minutos, para luego usar la compresa fría por un lapso no mayor a 2 minutos, y alternar de forma constante sin descanso por 15 o 20 minutos.

¿Durante cuánto tiempo se debe alternar el calor y el frío?

Depende del tipo de lesión que estemos tratando. En el caso de una lesión aguda en sus primeras horas luego de ocurrir el traumatismo, lo recomendado es usar primero el frío y luego el calor y tomar un descanso de entre 3 y 5 minutos, para luego volver a aplicar las compresas en el mismo orden y mantener dicho ritmo por unos 20 minutos.

En el caso de lesiones crónicas o que se encuentren en una fase de recuperación avanzada, se comienza aplicando el calor y luego el frío, manteniendo el ritmo de forma ininterrumpida entre 15 y 20 minutos antes de dar por finalizada la sesión.

¿La terapia de frío y calor es buena para la artritis o artrosis?

Si, tanto el frío como el calor son buenos para aliviar los síntomas de ambas enfermedades degenerativas del cartílago óseo. Si bien se pueden aplicar también por separado, lo mejor es combinarlos en una terapia de contraste ya que gracias a ella se drenarán posibles edemas que se formen en la articulación afectada, así como para aliviar el dolor y evitar la inflamación de los ligamentos y demás tejidos blandos que la conforman.

En este caso, la terapia debe aplicarse como si se tratase de una lesión crónica, comenzando por el calor antes de aplicar el frío y continuar oscilando entre uno y otro por varios minutos de forma constante e ininterrumpida.

¿La terapia de frío y calor es buena para la fascitis plantar?

Si. Como cualquier otra lesión, sus síntomas pueden ser aliviados gracias al uso de terapia de contraste ya que esta permitirá que se relaje el tejido que compone el arco de la planta del pie, y aliviando el dolor generado por la pérdida de flexibilidad del mismo. Para ello, se debe aplicar la terapia de contraste como si se tratase de una lesión crónica, comenzando por el calor y alternando entre ambos sin interrupciones por al menos 15 minutos.

¿La terapia de frío y calor es buena para lesiones crónicas?

Si. De hecho la terapia de contraste es una de las más recomendadas por fisioterapeutas de todo el mundo ya que gracias a ella se consigue un efecto sedante y relajante que aliviará los dolores y otros síntomas de las lesiones crónicas como la rigidez articular y la inestabilidad de la misma al intentar usarla. Para ello se procede a realizar una sesión que iniciar con el calor y alterna con el frío de forma constante por al menos 15 minutos, pudiendo llegar a extenderse por hasta 20 o 30 minutos.

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