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¿Cómo aliviar el dolor?

Encontrar el alivio del dolor es realmente importante para poder gozar de un excelente nivel de calidad de vida. En este post vas a descubrir cómo hacerlo de la manera más efectiva para que te olvides de tus dolores lo antes posible.

Te contaremos qué es el dolor, cómo lo percibimos y los tipos de dolor que existen de acuerdo a diversas clasificaciones; todo ello para que comprendas mejor cómo está funcionando tu cuerpo y busques la mejor solución.

¿Qué es el dolor y cuál es su percepción?

Podemos definir el dolor como una sensación desagradable y molesta que notamos en nuestro cuerpo y que, por su intensidad y localización merma alguna de nuestras capacidades condicionándolas de una u otra forma.

Esto implica el daño que se produce físicamente a nuestro organismo, que es el más evidente y en el que todos pensamos cuando hablamos sobre el dolor. Sin embargo, no debemos olvidar la importancia de las emociones, el dolor que tiene un origen mental, en muchas ocasiones, agrava el dolor físico y condiciona el tratamiento y la curación de todo tipo de enfermedades.

La percepción del dolor puede ser muy subjetiva y estar condicionada según nuestra nocicepción (proceso neuronal mediante el cual se codifican y procesan los estímulos). El dolor se percibe a través del sistema neuronal y de vías nerviosas capaces de responder principalmente a estímulos.

Sin embargo, Ronald Melzack pudo constatar y plasmó, en la que hoy se conoce como “Teoría de la Neuromatriz”, que el proceso del dolor también intervienen la transmisión y difusión del sistema endocrino y factores psicológicos.

Según la “Teoría de la Puerta de Control” (es la que deja pasar más o menos dolor) dicta que este tiene siempre tres dimensiones:

  • Sensorial o discriminativa: Hace referencia a la propiedad física.
  • Afectiva o motivacional: Son los fenómenos emocionales que interfieren en el dolor.
  • Cognitiva o evaluativa: Son los aspectos que ayudan a la interpretación, considerando experiencias anteriores, aspectos atencionales, el propio contexto en el que nos encontramos, etc.

¿Cómo clasificar el dolor y qué tipos existen?

¿Cómo clasificar el dolor y qué tipos existen?

Existen muchos tipos de dolor, al igual que varias maneras de clasificarlo. Lo que sí debemos considerar siempre es que su intensidad es variable. Esto es importante porque, ante un dolor leve, podemos no prestar la atención necesaria, favoreciendo que se desarrolle una patología.

Por lo demás, comprobarás que todas las clasificaciones que podemos hacer son útiles, de manera que es importante conocernos y reconocernos para ayudar al profesional médico a realizar un diagnóstico.

Según la zona

Aquí hacemos referencia a las diferentes zonas de nuestro cuerpo:

Según la causa o patogenia

A ojos del afectado puede que esta no sea la clasificación más conocida o de interés. Sin embargo, tener idea sobre la patogénesis es indispensable para el profesional que te trate.

  • Dolor fisiológico: Lo notamos físicamente como:
    • Dolor nociceptivo: Existe un estímulo doloroso en nuestros nociceptores. Cuando es agudo nos advierte de un daño habido o por haber. A su vez, lo podríamos subclasificar por su lugar de origen.
      • Dolor somático: Puede ser superficial si afecta a la piel o las mucosas o profundo si es dado en articulaciones, huesos, tendones, vasos…
      • Dolor visceral: Tiene su origen en los órganos denominados vísceras, los internos. Su localización es difícil, motivo por el cual se confunde y retrasa el correcto diagnóstico. Va de la mano con reacciones del sistema nervioso de diferente índole. Puede llegar, como dolor referido, hasta la zona tópica correspondiente.
    • Dolor neuropático: En este caso, se da una lesión de parte o de la totalidad del sistema nervioso (o su disfunción). Se ha producido un daño en las fibras nerviosas y son las propias estructuras neuronales las que emanan el dolor y no las terminaciones nerviosas de las fascias o los órganos. Se da una subdivisión en función de la zona y cantidad del sistema que se ha visto afectado. Es anormal, sin utilidad reconocida y su diagnóstico resulta muy difícil. Se siente como quemazón y punzada y aumenta inmediatamente después de producirse un estímulo lesivo.
  • Dolor psicogénico: Lo causan procesos mentales, esto es, su origen no es fisiológico. Es extraño pero se da habitualmente como potenciador del dolor crónico.

Según el tejido afectado

Nuestro cuerpo se compone de diferentes elementos. Es esencial diferencial el tipo de dolor en este caso para saber qué prescribir o recomendar y, lo más importante, qué no, a la hora de realizar un tratamiento o un mantenimiento.

  • Dolor óseo o dolor de huesos: La parte afectada es el hueso. Por su morfología, son pocos los problemas que produzcan este tipo de dolor. Algunas son la fractura, el reuma o la artritis.
  • Dolor de los órganos internos o dolor visceral: Este se da normalmente con cierto retraso respecto a la afectación que lo produce. Por ejemplo, un dolor de riñón aparece horas después de haberlo forzado. También aparece por la degeneración de la víscera en sí. Puede ser síntoma de una enfermedad más o menos relacionada con el órgano en cuestión, por lo que es de suma importancia recibir un diagnóstico.
  • Dolor muscular: Lo que nos duele es el tejido muscular. Habitualmente viene dado por un sobreesfuerzo, por fricción o un traumatismo.
  • Dolor ligamentoso: Como el anterior, lo habitual es que sea un golpe el que produzca un dolor en los ligamentos. También la torsión descontrolada o que un hueso se corra de lugar.
  • Dolor neuropático: El dolor viene dado porque se pinza o daña el sistema nervioso o una parte de él. Ejemplo claro es la ciática.

Según su accesibilidad

Según podamos tener contacto directo o no con la zona adolorida, podríamos hacer otra simple pero eficaz clasificación. Uno u otro, o la presencia de más nos pueden llevar a diagnosticar problemas al tiempo que a definir una terapia con tratamientos combinados.

  • Dolor externo: Se da en la piel y en los tejidos inmediatamente inferiores. En prácticamente todas las ocasiones la causa es una eventualidad externa. No suele existir gravedad.
  • Dolor interno: Este incluye dolor muscular, en huesos, bursas, vísceras etc. Hablamos de un daño que se está dando en los elementos internos de nuestro cuerpo. En muchas ocasiones, el dolor es palpable desde el exterior, como en el caso de una fractura y otros no, como ocurre con el dolor de estómago, por ejemplo. Puede venir dado por un evento externo, como un golpe, o por la afectación de los propios elementos internos, como el reuma, implicando una gravedad variable.

Según su intensidad

La intensidad es la fuerza con la que este dolor se manifiesta y cómo lo sentimos. Determina tipos de terapias, duración, actuaciones de primeros auxilios y mucho más.

  • Dolor leve: La intensidad es baja o muy baja. Nos permite realizar las actividades propias de nuestro día con un mínimo grado de molestia y, centrando nuestro foco, podemos, incluso, sentir que desaparece.
  • Dolor moderado: Su intensidad interfiere con nuestro día a día, dificultándonos realizar las tareas que habitualmente podemos llevar a cabo sin problema. Mantenemos con él la autonomía pero afecta a nuestra calidad de vida. Precisa tratamiento.
  • Dolor severo: Se da una molestia de alta intensidad. La calidad de vida se reduce significativamente porque su interferencia se da gravemente en el día a día pero influye también en el sueño. Puede ser desencadenante de otras patologías. Requiere de tratamiento médico profesional a la mayor brevedad y puede llegar a incapacitarnos.

Según su duración

La duración, es decir, el tiempo que nos duele algo, determina si este se puede considerar agudo o crónico. Lo tendremos en cuenta a la hora de proponer alivios inmediatos y, también, de acuerdo a la toma de medicamentos y otros tratamientos que se reciban de manera continuada.

  • Dolor agudo: Es una sensación muy intensa, producida, por lo general, de manera inmediata a una lesión o cuando nuestro cuerpo se encuentra más debilitado y sensible. Es un recurso de defensa que nos alerta de un daño producido o por producir (desde una fractura hasta la presencia de un virus que se multiplica en nuestra garganta). Es de temporalidad limitada y supeditada al tipo de problema que padezcamos.
  • Dolor crónico: Es aquel que se da durante una cantidad elevada de tiempo (se estipulan más de seis meses de padecimiento para considerarlo como tal) tras. Este es menos intenso y más recurrente (puede que incluso mantenido si no lo tratamos). Vive con nosotros pero a veces desaparece, volviendo a producirse, generalmente, por sobreesfuerzos o recaídas en la enfermedad que lo causa.

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¿Cuáles son las principales causas del dolor?

La causa del dolor es toda aquella interacción con los elementos de nuestro entorno que hace que nos encontramos mal a nivel físico o emocional. Podemos sentir dolor porque las células nerviosas receptoras se activan en ciertas circunstancias en las que nuestro organismo se encuentra en una situación anormal.

Atendiendo al dolor según su patogenia, que ya hemos visto anteriormente, podemos determinar muchas causas para que este se produzca.

  • Daño tisular: Lo habitual es que se produzca un daño de los tejidos. Este se puede dar por traumatismo directo en la zona (luxaciones, contracturas, esguinces, fracturas, derrames…), por mantener una mala postura, hacer un mal movimiento etc.
  • Degeneración de las partes: Cuando un elemento de nuestro cuerpo se desgasta por exceso de uso o por usarlo mal por la edad o por cualquier otro motivo deja de cumplir sus funciones adecuadamente. Puede darse el caso de que nos quedemos desprotegidos por ello y que, con eso, seamos más sensibles al dolor.
  • Enfermedades: Así mismo, tenemos que todo tipo de enfermedades, disfunciones y otras patologías pueden hacer que suframos dolor por el simple hecho de padecerlas, como uno de sus síntomas entre tantos. Podemos hablar de una infección vírica de garganta, artritis, depresión, vista cansada, menopausia y muchísimas otras.

¿Qué tipos de signos, síntomas y características presenta el dolor?

¿Qué tipos de signos, síntomas y características presenta el dolor?

Puede parecer una pregunta de respuesta evidente, pero, realmente, cuando padecemos dolor podemos notarlo de diversas maneras.

Los principales síntomas que hay:

  • Inflamación.
  • Enrojecimiento en la zona afectada.
  • Fiebre.
  • Rigidez.
  • Hormigueo.
  • Ardor.
  • Dificultad para movernos.
  • Nuestra tensión arterial aumenta.
  • Puede que lleguemos a padecer taquicardias.
  • Desorientación.
  • Sudoración.
  • Irritabilidad y peor humor.
  • Nuestras pupilas se pueden dilatar.
  • Nos sentimos más vulnerables.
  • Tenemos dificultad para dormir.

¿Qué métodos hay para aliviar el dolor de forma natural?

Existen diferentes métodos poco invasivos para aliviar el dolor que son realmente efectivos y que podemos llevar a cabo prácticamente sin preocupaciones, pues cuentan con pocos efectos secundarios.

Vamos a ver aquellas terapias alternativas y no farmacológicas para ayudar a reducir los síntomas del dolor:

Terapia de frío y calor

También llamada terapia de contraste, esta consiste, en aplicarnos frío y calor alternativamente en la zona afectada, ya sea mediante agua o vapor, por conducción o por convección. El calor, por el que se debe empezar, salvo indicación profesional, se podrá soportar durante más tiempo que el frío.

Algunos recursos para realizar esta terapia son piscinas termales, duchas de contraste, uso de compresas mojadas a alta y baja temperatura o de elementos de frío y calor seco, como los sacos térmicos para microondas o las bolsas de gel frío.

Es un tratamiento adecuado siempre que tu dolor no sea agudo y no tengas heridas. Produce un gran confort en casos de enfermedades óseas o cuando nuestros músculos se han atrofiado por falta de nutrientes, dos casos en los que sentimos un dolor muy diferente pero con una solución idéntica.

Terapia de compresión

La compresión consiste en colocar los tejidos en su lugar y mantenerlos mediante el uso de elementos compresivos como bandas elásticas o, directamente, prendas de compresión. Con ello, la curación es más rápida y evitamos el dolor y otros inconvenientes causados por movilizar las zonas afectadas, ya que con la ropa de compresión conseguimos reducir la movilidad de nuestro cuerpo mediante la presión.

Es un tratamiento pensado para edemas, úlceras, para eliminar líquidos y para tratar las varices. Sin embargo, también resulta útil, en los grados más bajos, para tratar esguinces, torsión de ligamentos, contracturas musculares y otras lesiones así como en cualquier caso en el que la microcirculación esté siendo insuficiente.

Terapia de masaje

El masaje es ideal para tratar el dolor emocional y otras discordancias de este tipo. Ello se debe a que al aplicárnoslo nos relajamos y nos dejamos llevar. Quitamos el foco de problemas, olvidamos el estrés y disminuye la ansiedad, etc. Gracias a la cantidad de tipos de masaje que existen, por supuesto, también trabajamos sobre el dolor físico de nuestro cuerpo.

Con el paciente relajado se aplican movimientos de deslizamiento, amasamiento, compresión, fricción, vibración y percusión. Según estos movimientos y las zonas del cuerpo utilizadas para realizar el masaje podremos conseguir cuantiosos efectos.

Más o menos relacionados con el dolor, son la eliminación de nudos en nuestra musculatura y otros cambios tisulares, la recolocación de los tejidos y el componente relajante del masaje, hacen que muchos de los dolores que padecemos se suavice considerablemente.

Terapia de acupresión

Una manera no invasiva de reducir o aliviar los dolores es recibir sesiones de acupresión. Se basa en una terapia China en la que el protagonista de nuestro bienestar es el Chi interno. La terapia consiste en equilibrar el Chi para que este fluya y mantenga funcional y en buen estado cada uno de nuestros tejidos.

Hay unos puntos específicos de nuestro cuerpo que, al trabajar sobre ellos, guían la manipulación hasta ciertas zonas (en las que sentimos el dolor o las que se deben tratar, es decir, donde se ha sufrido un daño) para reducirlo o hacer que desaparezca.

Estos puntos están determinados, son muy exactos y cada cual requiere de un tipo de manipulación particular, aunque, por lo general, se debe aplicar presión más o menos fuerte y durante un período de tiempo en el punto meridiano. Dicho de un modo sencillo, presionamos una zona del cuerpo y, con ello se trata la zona adolorida o de la que emana el dolor.

Lo positivo de esta terapia es que no sólo trata dolores puramente lesivos, por ejemplo una luxación, sino que es beneficiosa para muchos otros como, dolor de muelas, de vísceras, de garganta y muchos otros. Además, tiene otros beneficios como la mejora de la calidad del sueño, elimina los mareos y los vértigos, reduce la fatiga, nos da equilibrio emocional, etc.

Crioterapia

La crioterapia hace uso del frío, generalmente por contacto directo o semidirecto con nuestra piel para tratar principalmente el dolor tras una lesión, ya sea de tipo deportivo, por una caída, golpe o cualquier otro accidente.

Es ideal porque conseguimos que se reduzca la inflamación de la zona contusionada (baja la temperatura y se ralentiza el flujo de sangre) al tiempo que disfrutamos de un suavísimo efecto anestésico (se afecta en la sensibilidad nerviosa), ambos esenciales para que nos duela menos. Por supuesto, existen muchos otros beneficios.

Este tratamiento se puede realizar de muchas maneras, desde lo más sencillo, doméstico, que consiste en coger hielo del congelador y ponerlo en un trapo para no colocarlo directamente en nuestro cuerpo hasta que nos apliquen aerosoles o nos introduzcamos en cabinas de frío. Tan importante es que se considera uno de los pasos del método de recuperación de lesiones RICE.

Termoterapia

En esta ocasión lo que aplicamos es calor para eliminar el dolor. Como es lógico, puedes sentirte contrariado puesto que el recurso usado es el opuesto a lo que acabamos de ver; y es cierto. Lo que ocurre es que la termoterapia es beneficiosa en el caso en el que tengamos un dolor crónico, recurrente o el que sentimos una vez ya pasado un buen tiempo tras una lesión (más de tres días). Esto es, se utiliza cuando el dolor que sentimos no es agudo.

El calor actúa como analgésico por lo que ya de por sí reduce el calor, y tiene efecto sedante. Pero, además, interactúa con nuestro organismo de otras maneras con las que también se logra reducir el dolor. Por ejemplo, ante una rigidez, un entumecimiento o contusión de un músculo, el calor ayuda a suavizarlos y con ello, se sufre menos dolor.

La aplicación es similar al de la crioterapia: compresas de calor, sacos térmicos para microondas, inmersiones en piscina, sesiones en sauna, etc. Hay que controlar la temperatura y el tiempo de exposición, además del propio hecho de decidir si aplicar el calor directamente en una zona o de manera más general.

Electroestimulación muscular (EMS)

La electroestimulación muscular o EMS, es una terapia que consiste en estimular las contracciones musculares mediante el uso de electricidad, de modo que se consiga un efecto de actividad e hipertrofia como en el gimnasio, pero sin la necesidad de ir a ningún centro deportivo. Lo que significa que puedes poner a trabajar tus músculos sin salir de casa.

Lo que se busca es una contracción limpia que simule la que se consigue al correr largas distancias, levantar mancuernas o hacer sentadillas. Sin embargo, el efecto no es el mismo por la sencilla razón de que al movernos y ejercitarnos, conseguimos una activación total del músculo, mientras que las descargas eléctricas de la EMS solo logran hacerlo en un porcentaje y no en la misma intensidad.

Sin embargo, hay pruebas médicas que respaldan unos resultados que si bien no son tan exagerados como el marketing los quiere vender, siguen siendo sumamente beneficiosos para la salud y brindan una alternativa para esos días en los que no se puede entrenar con regularidad.

Electroterapia

Esta es una técnica que busca alivio a dolores y algunas dolencias físicas mediante la aplicación de energía eléctrica y electromagnética, entre otras variantes, a través de la piel con el uso de almohadillas conductoras llamadas electrodos. Es un tipo de terapia muy segura y que debe ser aplicada por un fisioterapeuta especializado en la manipulación de electricidad para tratar algunas clases de dolencias.

Terapia de liberación miofascial

También conocida como inducción miofascial, esta terapia consiste en la aplicación de masajes manuales para tratar el acortamiento y la tensión que se genera en el tejido miofascial que conecta los músculos con los huesos y nervios. Para ello se utilizan diversas técnicas de masaje que se enfocan en los llamados puntos gatillo.

La terapia funciona gracias a que, al liberar toda la tensión acumulada en una zona del tejido miofascial, que es una de las principales causas de dolor, así como estirar los tejidos para que se relajen y la dolencia se diluya, generando alivio. Sin embargo, esta puede no ser una cura total para la lesión, ya que llegados a este punto es posible que el problema se haya vuelto crónico.

Esto es importante saberlo ya que en muchas ocasiones el dolor miofascial es simplemente una consecuencia de enfermedades degenerativas de los tejidos blandos o los nervios, por lo que la aplicación de esta terapia solo será útil para aliviar el dolor en momentos puntuales. Pacientes con problemas como el síndrome de dolor miofascial crónico por ejemplo, deberán acudir de forma continuada a su fisioterapeuta de confianza para aplicar los masajes de liberación con determinada regularidad.

Terapia de masaje de percusión

Los masajes de vibración o percusión son precisos, rítmicos y enérgicos golpes sobre el cuerpo para lograr alivio de algunos síntomas molestos cuando las fibras musculares se tensan, a menudo por una alta carga de trabajo sobre ellos y que ha dejado puntos gatillo en las fibras musculares.

Esta técnica es conocida desde hace cientos de años y se aplica con el dorso de las manos. Los fisioterapeutas profesionales suelen usar en la actualidad pistolas de masaje de percusión que ofrecen movimientos más efectivos y continuos. Entre algunos de sus beneficios, se encuentran aliviar el estrés, prevenir lesiones y mejorar el sistema circulatorio.

Aunque este es un producto para realizar auto masajes, es recomendable que las personas tengan un grado mínimo de conocimiento para saber usar las pistolas de masaje muscular y evitar dañar tejidos y partes del cuerpo como las articulaciones que no deben recibir los constantes golpes.

Terapia de puntos gatillo

Los puntos de dolor miofascial o puntos gatillo son nudos que se crean en los tejidos musculares más profundos, causando un intenso dolor. El dolor no siempre se manifiesta justo en la zona en la que se desarrolla el punto, sino que es este dolor es referido a zonas cercanas que aparentemente no parecen estar relacionadas. De hecho, se estima que más del 80% del dolor que causan se manifiesta en otras partes del cuerpo.

En este sentido puedes imaginarte que un punto de gatillo es parecido a una hernia discal, que puede aparecer en una vertebra específica de la columna, pero el dolor puede manifestarse en cualquier lugar de la espalda al estar conectada en su totalidad por una gran cantidad de nervios. Del mismo modo ocurre con el “trigger point” ya que el tejido miofascial se encuentra en todo el cuerpo y está conectado en su totalidad.

Otras terapias alternativas efectivas

Si quieres probar algo más, saber que aún quedan otras terapias, menos utilizadas pero igualmente poco invasivas y que funcionan.

  • Remedios naturales con uso de plantas: Las plantas, desecadas y en infusiones, haciendo respiraciones o como ingrediente de emplastes pueden llegar a reducir el dolor en multitud de ocasiones. Entre los casos más beneficiosos encontramos los de los problemas óseos o reumáticos, los relacionados con la mala circulación y el dolor de garganta. Aún así, se trabajan muchos más dolores y otros aspectos de mejora como cuando nos hemos intoxicado, si tenemos un sistema inmune débil, etc.
  • Acupuntura: Tratamos el dolor de una zona trabajando sobre su punto meridiano (zona del cuerpo con la que guarda relación, desde la que se accede). A diferencia de la acupresión, la acupuntura precisa del uso de agujas para clavar en los puntos estratégicos, siempre con un ángulo y una profundidad específicos.
  • Kinesioterapia: Un experto nos dará indicaciones para realizar ciertos movimientos que harán que nuestro cuerpo reaccione de diversos modos, mitigando el dolor. Se realizan torsiones, se aplica tracción, se flexionan partes del cuerpo etc. Cada dolor, y según su causa, por supuesto, requiere de unos u otros movimientos, un mantenimiento de estos, una velocidad de realización, etc.
  • Aromaterapia: Se hace uso de aceites principalmente y otros elementos aromáticos para crear sensaciones. No es, evidentemente, el tratamiento que más afecta a la hora d quitar el dolor, pues sus efectos son muy sutiles, pero suele apoyar otra terapia como el masaje o la acupuntura, al darnos baños de calor.
  • Osteopatía: Se quiere lograr el equilibrio de nuestro cuerpo haciendo uso de técnicas manuales principalmente. Habitualmente no se busca una cura sino la preservación de las funciones, por lo que suele ser un método preventivo o de mantenimiento.
  • Ultrasonido: Los ultrasonidos se aplican especialmente para reducir el dolor óseo así como en el caso de moderada o grave constricción muscular.

¿Cómo aplicar el método R.I.C.E paso a paso para reducir el dolor?

Este es el primero que se denominó como método para tratar el dolor y situaciones lesivas. Sus siglas hace referencia a cuatro pasos básicos que cualquier experto te va a recomendar si te has caído, si has hecho un sobreesfuerzo, si te has golpeado, si tienes una contractura, etc.

Con el transcurrir del tiempo se ha ido perfeccionando y, a día de hoy, aunque sigue siendo el más conocido por la novedad que supuso, nosotros aplicamos siempre el método PRICE, que es una actualización del método RICE.

Cada una de sus letras te indica los pasos a seguir:

  • Protección: Protégete para mantener tu seguridad y, al tiempo, el mejor estado de la zona afectada. Esto implica limpiar, desinfectar, realizar un vendaje o un torniquete, etc.
  • Descanso: Debes preocuparte de descansar de vez en cuando. No debemos permanecer totalmente inmóviles pero sí procurar restarle trabajo a la zona con dolor y, en general, usarla menos y de manera más segura.
  • Hielo: Ya hemos visto que el frío es ideal en los primeros momentos tras una situación lesiva. Este se debe aplicar en la zona, cuidando de no colocar hielo (de ser el caso) en contacto directo con la piel. Por lo demás, no dejes el frío demasiado tiempo inmóvil sobre la zona sino más bien masajéate con el aparato o producto en cuestión y no abuses de él, tratando de no pasar las seis sesiones de frío al día.
  • Compresión: Mantén la zona sujeta mediante un elemento de compresión. Así, conseguirás no empeorar la lesión y hacer que la recuperación sea más sencilla.
  • Elevación: Cuando reposes, aprovecha y mantén la zona que te duele por encima de tu corazón adoptando una postura cómoda.

Debes recordar que este método es útil en los momentos agudos e iniciales. Esto significa que es útil tras lesionarte pero no cuando sufres de dolor crónico o cuando tu lesión te sigue doliendo pero ya no está inflamada.

¿Qué relación tiene la inflamación con el dolor corporal?

¿Qué relación tiene la inflamación con el dolor corporal?

En efecto, inflamación y dolor son dos conceptos que guardan mucha relación en algunos casos. Ya hemos visto que el dolor puede venir dado por causas muy diversas. Eso sí, algunas de estas causas como las fracturas, los esguinces y, en general, toda lesión, incluyen un proceso inflamatorio.

Esto significa que, en estas circunstancias, el dolor aparece a raíz de este proceso inflamatorio. Otros signos de eventualidad inflamatoria son enrojecimiento, calor, tumoración o disfunción. La inflamación de una parte del cuerpo aparece para combatir algún agente irritante detectado por los nociceptores.

El daño de un tejido supone que las células de este terminen por dilatar considerablemente los vasos sanguíneos y que, con ello, se favorezca el flujo de sangre hacia la zona. Este es el punto básico por el que se inflama nuestro cuerpo. Cada tejido, además de cargar con el exudado inflamatorio, empieza a cambiar. Se vuelve más permeable, los leucocitos se marchan, aparecen citoquinas y aparecen diversos procesos excitantes e irritantes que suponen la aparición del dolor.

Una inflamación aguda no tratada se volverá cada vez más dolorosa, deformará tejidos y huesos y dificultará el movimiento. Por otro lado, decir que cuando la inflamación es crónica es posible que no se sienta dolor o que este sea intermitente o muy leve. Del mismo modo, no siempre que sintamos dolor significa que suframos inflamación. Es posible, como hemos visto anteriormente, que este se dé por otras muchas circunstancias.

  • El dolor es síntoma de inflamación pero no al contrario. Tampoco aparece sólo por este motivo.
  • La inflamación sí suele incluir casi siempre dolor, de forma intensa si la inflamación es aguda y dolor moderado o leve cuando se vuelve crónica.

Referencias

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