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¿Cómo aliviar el dolor de piernas?

¿Notas constantemente las piernas cansadas? ¿no llegas al final del día porque no te responden? ¿Te fatigas más de lo que deberías cuando andas? ¿Has sufrido una lesión y quieres recuperarte óptimamente? El alivio del dolor de piernas es, entonces, indispensable en tu día a día.

Si es lo que necesitas no puedes perderte este post en el que no sólo te contamos que hacer para aliviar el dolor de piernas y también de pies. En él vas a descubrir qué causa dolor en las piernas y muslos, por qué nos duelen en cada momento, qué otros síntomas puedes tener según el problema que tengas o cómo prevenir la hinchazón, la pesadez y, en general, el tener las piernas cansadas y doloridas.

¿En qué consiste el dolor en las piernas y cómo identificarlo?

Anatomía muscular del cuádriceps

La pierna es una parte muy grande de nuestro cuerpo. Por este motivo, es fácil reconocer cuando nos duele. Notamos una sensación desagradable en la zona que habitualmente va acompañada de otros síntomas que también implican una situación de perjuicio para nuestro organismo.

Lo difícil es determinar qué dolor padecemos y cuál es la causa. Para ello, es importante reconocer, en primera instancia, qué parte de la pierna nos duele. Podemos presentar un dolor general, que se note únicamente en zonas conflictivas como en la rodilla o en el tobillo, en una pierna o en las dos, si el dolor sube hasta la cadera o el glúteo o baja al pie, etc. Con ello, podremos descartar muchas patologías y enfocar la evaluación médica para conseguir un diagnóstico acertado mucho más rápidamente.

También resulta importante reconocer si nos duele la pierna por:

  • Problemas nerviosos: suele dar dolor a ráfagas o como pinchazos, muy estridente, y acompañarse de sensibilidad en la piel, hormigueo o entumecimiento.
  • Problemas óseos: el dolor se nota internamente, sin que se nota daño n la zona justa de la palpación.
  • Problemas en el tejido blando: hay cantidad de patologías y síntomas
  • Problemas del sistema circulatorio.

Anatomía muscular del isquiotibial

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¿Qué provoca los dolores de piernas cansadas y cuáles son las causas qué lo originan?

Continuamente nos encontramos con circunstancias que pueden producir dolor de piernas, favorecer su aparición o aumenta su intensidad.

Cansancio muscular

Los músculos trabajan continuamente. Las piernas se utilizan durante todo el día y, generalmente, les damos poco descanso. En el caso de ser personas sedentarias, la propia falta de actividad, que atrofia los músculos, hace que estos se agoten ante el mínimo esfuerzo. Debes fortalecer tu musculatura pero de manera correcta, gradual y con descansos. De este modo, la musculatura de nuestro tren inferior estará mejor preparada y no llegará a la fatiga tan habitualmente.

Por malas posturas al dormir

Al igual que nos pueden doler las piernas por permanecer demasiado tiempo de pie o con las piernas cruzadas, si durante el sueño adquirimos una mala postura y la mantenemos horas, es normal que estas nos duelan. Debido a una posición antinatural, estamos forzando los tejidos blandos y duros, incluyendo incluso vasos sanguíneos o huesos. Trata de dormir relajado, manteniendo una postura cómoda y natural desde que te acuestas y cambiándola cada vez que te despiertes. Antes de dormir, también haz algunos ejercicios de relajación para estirar y movilizar tus rodillas y pies.

Por ejercicio y esfuerzos intensos

Cualquier actividad física de una exigencia más alta a la que tus piernas están acostumbradas a realizar y/o que realicemos durante demasiado tiempo implicará un agotamiento de los tejidos. Pueden ocurrir diversas cosas: distenciones musculares, agarrotamiento, desgarro de los tejidos, calambres, etc y, con ello, dolor y otros síntomas, siempre en función del problema que hayamos sufrido y de su propia gravedad.

Si al hacer estos esfuerzos sientes dolor en las piernas debes detenerte de inmediato. El siguiente paso es descubrir cuál es el problema y, en función de ello, tratarlo como corresponda. Por supuesto, para reducir el dolor de piernas el descanso es necesario. Además, serán adecuadas otras prácticas como los masajes o la terapia de compresión y acudir a consulta médica.

Agujetas

Realizar más esfuerzo de lo habitual para nuestros músculos, si no llegara a producirnos lesiones moderadas o graves hará que, como poco, amanezcamos con agujetas. Aunque no está clara la causa a nivel biofísico, sí sabemos que estas no son más que un dolor del músculo que aparece con retraso, horas después de haber realizado el esfuerzo. Este se habrá inflamado pero no existe evidencia externa de ello.

Sobrepeso

El sobrepeso implica que la zona inferior de nuestro cuerpo cargue continuamente y sin descanso. Así, es habitual que si pesas más de lo que corresponde a tu sexo, edad, constitución, altura y demás factores, las piernas te duelan. Esto ocurre cuando haces ejercicio o incluso cuando andas, pero en muchas ocasiones el dolor puede venir de la nada, sin que haya una actividad física. Cuando ya estamos fatigados, si padecemos otras enfermedades como diabetes, si nuestro estilo de vida es sedentario o si llegamos a padecer obesidad u obesidad severa, etc.

A esto hay que sumarle que cualquier esfuerzo que tengamos que hacer, aunque sea pequeño, se vea multiplicado por la carga extra que tenemos; es como ir a hacer deporte con una mochila llena de piedras colgada. Este tipo de dolor sólo desaparecerá si bajas de peso y, aun así, notarás tiempo en ver los resultados, pues tus piernas deben recuperarse tras haber pasado mucho tiempo cargando con un peso de más, deteriorándose día a día.

En el embarazo

En el embarazo ocurre exactamente lo mismo que cuando sufrimos de sobrepeso. Aumentamos de peso y llevamos 24 horas al día y 7 días a la semana una carga de la que no podemos descansar ni un solo instante, ni siquiera cuando necesitamos hacer grandes esfuerzos, lo que supone una fatiga extra para nuestras piernas, que se cansan antes y con mayor facilidad. En este caso debemos añadir que la retención de líquidos así como los problemas de circulación que aparecen a menudo también favorecen que nos duelan las piernas.

Por estrés y causas emocionales

Los problemas de psicológicos también afectan a nuestro cuerpo. Cuando tenemos emociones negativas estas aflorar de varias maneras, y una de ellas es haciéndonos sentir dolor, en este caso, en las piernas. Tenemos una causa directa de tensión (igual que con el estrés) que hace que, evidentemente, el cuerpo se encuentre en una situación no habitual de manera constante. Es más fácil que este problema nos llegue a producir un daño físico si nuestros tejidos no están fortalecidos.

La manera más sencilla de atenuar el dolor es trabajar directamente sobre los tejidos, relajándolos desde el glúteo con masajes profundos y enfocándonos en los estiramientos de músculos largos. Por supuesto, debes tratar cuanto antes de deshacerte de esas emociones negativas causantes del dolor y de otros signos que también se harán evidentes.

¿Qué tipo de enfermedades pueden causar dolor en las piernas?

En cuanto a las enfermedades y patologías, hay muchísimas de ellas que afectan a nuestras piernas y nos producen daño que varía tanto en tipo como en intensidad.

Artritis

La artritis produce inflamación articulatoria, de manera que, si padeces de esta condición es normal que te vaya a doler tanto dicha articulación como la zona colindante. Así, especialmente en el caso de la rodilla, tenemos dolor tanto en la propia rodilla como en el muslo y hacia la espinilla, algo que podemos confundir con dolor generalizado.

Osteoartritis o artrosis

Es un tipo de artritis que hace que, cuando los cartílagos se desgastan, los huesos se friccionen entre ellos. Ante la falta de revestimiento, se forma tejido óseo, generalmente con deformaciones, incluyendo espolones. El dolor es severo, la articulación en cuestión se vuelven rígidas y pierden flexibilidad y, con ello, amplitud de movimiento, una sensación de chirrido y, por supuesto, una hinchazón que prácticamente nunca remite. Esta es una enfermedad degenerativa, de manera que su sintomatología será cada vez peor, produciendo dolor crónico y pudiendo perder la capacidad de flexión e incluso de movimiento.

Esguinces

Un estiramiento anormal de los ligamentos derivará, si es muy brusco o lo mantenemos por mucho tiempo, en un esguince. Como cualquier otro problema de este tipo, la gravedad es variable, y con ella lo son también los síntomas, el tiempo de recuperación y las posibles secuelas.

Puede ocurrir desde que el ligamento se endurezca y se mantenga distendido con dificultad para volver a la normalidad hasta que ocurra un desgarro de gravedad variable. En función de ello, aparecerá más o menos dolor, hinchazón, inestabilidad y/o incapacidad articular.

El reposo es absolutamente necesario buscando, eso sí, impedir el atrofiamiento muscular. Esto significa que sí debes moverte un poco en función de los síntomas que padezcas, con apoyo de ser necesario. Generalmente, no se necesita seguir un tratamiento farmacológico salvo que el esguince derive, por ejemplo, en una infección por no haberlo tratado a tiempo. Tratar esta lesión con frío en las primeras horas es ideal para reducir la inflamación.

Fracturas

Suelen darse por impacto directo o por sobrecarga (en este caso solemos encontraros con una fisura delgada, no con una rotura total). Una fractura completa en un hueso grande de la pierna es muy difícil que se produzca (en accidentes de tráfico), pero su dolor es consecuente, así como también lo será su tratamiento. Por otro lado, si estas fracturas se dan en las articulaciones, corremos más peligros, pues estas zonas son mucho más delicadas. Ello se debe a que pequeños fragmentos pueden interferir en el funcionamiento de ligamentos, cartílagos, etc.

En cualquier caso, se requiere asistencia médica y la intervención quirúrgica es muy posible, totalmente necesaria en el caso de fracturas completa de tibia, peroné o fémur. La inmovilización para la fusión del tejido óseo y el descanso serán esenciales y con el tiempo es posible que se precise terapia con un experto osteópata.

Bursitis

La bursitis en una patología que tiene lugar en las articulaciones debido a que es muy específica. Consiste, precisamente, en una irritación de las bursas, pequeñas bolsas que se encuentran en las zonas articulares para amortiguar el movimiento de los huesos y demás tejidos y evitar su fricción. Estas se inflaman, duelen e incluso rompen, dejando, además, de cumplir su función amortiguadora.

Esto significa que la bursitis la puedes sufrir en diferentes zonas de la pierna: rodilla, tobillo, o cadera. Los síntomas de la patología son idénticos aunque depende de la zona afectada y de otros aspectos como tus actividades diarias o simplemente tu forma de andar es posible que el dolor sea mayor o menor, que la inflamación que se produce llegue a considerarse deformidad. También se produce rigidez, enrojecimiento y la piel se vuelve mucho más sensible.

Tendinitis

En este caso hablaríamos de la irritación y/o inflamación de los tendones de la pierna, que son cuantiosos. Son las fibras que unen cada músculo al hueso correspondiente. Por ello, si no cuidamos una tendinitis podemos llegar a sufrir un desgarro y, con ello, cursar inestabilidad articular si se da alrededor de las rodillas. Antes de esto vas a sufrir dolor sordo, más intenso al mover la pierna, inflamación visible de la zona y gran sensibilidad.

Existe tratamiento médico para tratar una tendinitis pero, debido a que suele curarse fácilmente, nuestro consejo es optar primero por las prácticas conservadoras como son el reposo, un buen masaje, ejercicios de estiramiento y fortalecimiento.

Distensión muscular

Un músculo se desgarra porque lo estiramos demasiado, bastante más de lo que por su capacidad puede soportar. Es más probable que ocurra si el estiramiento se produce de manera rápida y brusca o si se mantiene demasiado tiempo. Lo habitual es que aparezca por un mal movimiento (uso inadecuado del músculo) o por sobrecarga. Vas a notar que la zona afectada se inflama e incluso aparece un hematoma. El método PRICE es, sin duda, el remedio más sencillo y natural y, a la vez, que mejor resultado presenta. Sólo tienes que descansar el tejido afectado (puedes usar apoyos), ponerte frío y elevar la pierna para que ni se hinche ni duela tanto.

Varices y mala circulación

Hay varios problemas relacionados con la circulación de la sangre que terminan en dolor de piernas y, en general, haciendo que estas se hinchen considerablemente. La trombosis venosa profunda y las varices en general son los causantes principales. Lo que ocurre es, en esencia, que la sangre no circula adecuadamente, acumulándose e inflamando las venas e incluso formándose coágulos. Además, esto impide que los nutrientes que llega la sangre no lleguen a los tejidos por debajo de estos taponamientos. Con ello, las células no pueden realizar sus funciones de manera óptima.

Se produce inflamación y este se hace mucho más evidente cuando tenemos un coágulo. En este caso especialmente, aparece un dolor agudo. Otros síntomas son enrojecimiento y aumento de temperatura de la piel, pesadez, punzadas y calambre e incluso edemas.

Es importante tratar la causa desde la raíz usando todo tipo de recursos para mejorar la circulación sanguínea pero, por supuesto, también hay que actuar sobre los efectos que estamos sufriendo. Para ello, la terapia de compresión será la más adecuada aunque es posible que no sea suficiente y necesites de intervención médica.

Por ciática

La ciática es una circunstancia dada a partir de un problema nervioso que hace que, a pesar de encontrarse su raíz en la espalda, nos pueda doler toda la pierna, de una manera muy desagradable, con intensidad variable hasta poder incapacitarnos.

El reposo es esencial porque el dolor es intenso e incapacitante pero también es importante, para que el hormigueo que se suele dar no se convierta en entumecimiento, que recibamos masajes en las piernas. Cuando te encuentres mejor, especialmente si tienes propensión a padecer este problema, trata de fortalecer la zona abdominal y lumbar, de manera que sea más difícil interferir en el sistema nervioso y sirvan de sostén y protección de la zona lesionada.

Osteomielitisy otras infecciones

La osteomielitis es una infección ósea que queremos destacar, pero debemos dejar claro que también pueden darse infecciones en otros tejidos, las cuales comparten el dolor y otros síntomas. Padecer osteomielitis implica que nos duelan los huesos, que nos dé fiebre e incluso escalofríos (especialmente por la noche), inflamación con calor y enrojecimiento en el área, exceso de sudoración y que se abra una herida de la que emanará el pus que afecta al tejido óseo.

Al tratarse de infecciones, debemos tomar antibióticos para poder detenerla (siempre con receta médica) y que, con ello, no se expandan los daños a las zonas cercanas. Si el hueso a llegado a necrosarse, habrá que extirparlo mediante cirugía y hacer un injerto o rellenar el área vacía.

Enfermedad ósea de Paget

Consiste en un mal reciclaje del tejido óseo que hace que los huesos acaben siendo más frágiles e incluso se deformen. En ambos casos se siente mucho dolor según la circunstancia. Existe una mayor posibilidad de que te fractures un hueso y también de que te den pinzamiento en el sistema nervioso a la altura de la columna, lo que deriva, también, en dolor, entre otras zonas, en las piernas.

Realiza actividad física de baja y media intensidad, evitando la presión sobre los huesos afectados. Para tratar la enfermedad, saber que hay fármacos específicos para ella pero es probable que requieras de cirugía, especialmente si tu caso es muy grave.

Otras enfermedades óseas

Existen otras enfermedades de tipo óseo que incluyen en su cuadro de síntomas el dolor. Sin embargo, estas no son muy habituales. Aun así, no está de más conocerlas para poder tener sobre qué trabajar en caso de no dar con un diagnóstico acertado. Algunas son la enfermedad de Blount o la enfermedad ósea del mieloma múltiple.

¿Cuáles son los síntomas y tipos de dolor que nos hacen pensar que tenemos una lesión en las piernas?

¿Cuáles son los síntomas y tipos de dolor que nos hacen pensar que tenemos una lesión en las piernas?

Una pierna lesionada puede presentar multitud de síntomas, especialmente si consideramos que la lesión puede producirse en partes muy diversas. En cualquier caso, son las siguientes:

Tipos de síntomas más comunes

  • Dolor: En una zona tan amplia vas a dar con dolor de todos los grados de intensidad y venidos de venas, huesos, ligamentos, tendones, músculos, meniscos, etc. Esto supone que el dolor sea tanto sordo como chirriante, por pinchazos, sostenido en el tiempo, leve, moderado o intenso, focalizado o general etc.
  • Hinchazón: Lesiones, desgaste y enfermedades variadas hacen que, sin duda, las piernas sean unas de las zonas que más se inflaman. En muchas ocasiones este síntoma se acompaña de dolor pero en otros puede que no. Este es un indicativo muy importante a la hora de descartar patologías.
  • Rigidez: Aparece principalmente en huesos desgastados  y músculos distensionados que se han llevado más allá de su límite y son incapaces de volver a su estado natural. Provoca dificultad o incapacidad para realizar movimientos.
  • Enrojecimiento: Tracción directa y tejidos muy irritados e inflamados son la causa principal de la la piel se enrojezca en la zona que nos duele. En ocasiones, también los problemas circulatorios hacen que la piel pueda enrojecerse pero no es tan habitual.
  • Reducción de movimiento: El propio dolor ya va a dificultar el movimiento tanto articular como la propia marcha. Sin embargo, el acortamiento de tejidos, un desplazamiento tisular, un mal juego articular, aparición de abultamientos, quistes y otros elementos que interfieren en la movilidad al situarse en zonas clave también tendrán este efecto.
  • Inestabilidad articular: Por supuesto, existen problemas propios que afectan tanto a la rodilla como al tobillo y que hacen que la estabilidad de estas articulaciones se vea comprometida. Somos incapaces de tener control sobre su movilidad.
  • Hematomas: Aparecen ante golpes, como un signo directo de estos. Sin embargo, también pueden ser fruto de un problema interno como un sangrado al fisurarse una fibra, un lipoedema, un quiste, un problema circulatorio o por una fractura.
  • Espasmos: La distensión de los músculos y los tendones son los motivos principales para que sintamos espasmos. También aparecen ante traumatismos, por el cambio repentino en las condiciones de nuestro organismo.
  • Chasquidos: Lo habitual es que sean de tipo óseo en la rodilla aunque también podemos oír un ruido sordo ante el colapso de tejidos blando, cuando se dan desgarros por movimientos bruscos.
  • Sensibilidad: La notamos en casos de tendinitis y cuando sufrimos disfunciones del sistema nervioso o cuando la dermis está muy afectada por el problema interno, sea cual sea.
  • Hormigueo o adormecimiento: Aparecen por problemas de falta de nutrientes en los tejidos (mala circulación o incapacidad para absorberlos) y por problemas nervioso. Además, podemos sentir hormigueo y palpitaciones como consecuencia directa e inmediata de un golpe.

Tipos de síntomas según la zona

  • Dolor en el glúteo: En los glúteos generalmente se sufren tirones y los músculos pueden quedarse agarrotados, de manera que no vuelven a su posición habitual. El dolor es repentino en estos casos y el problema tiene como solución sencilla y rápida un masaje profundo. Eso sí, es importante considerar modificar la dieta. También podemos sufrir síntomas derivados de disfunciones en caderas o lumbares.
  • Dolor en los muslos: Como en el caso anterior, el muslo sufre daños, habitualmente, relacionados con los tejidos blandos, siendo la tendinitis y los calambres los problemas más habituales. También en muchas ocasiones es aquí donde comenzamos a sentir el dolor propio de la ciática, que es electrizante, muy fuerte, e incluye pinchazos así como hormigueo.
  • Dolor en la rodilla: La rodilla incluye un cuadro sintomático completo, pues en ella encontramos todos los tipos de tejidos existentes en la pierna. Dolores secos, de altísima intensidad, inestabilidad articular, inflamación, deformación y desplazamientos, desgaste óseo, formación de espolones que dañan los tejidos circundantes… La lista es larga y los problemas asociados, de gravedad si no se tratan a tiempo.
  • Dolor en las pantorrillas: Muy habituales los calambres, de fortísimo y repentino dolor, que se acompañan de una descolocación del tejido que resulta muy evidente, creando un abultamiento. También es zona dominante de las varices, que marcan las venas por encima de la piel, son duras y coloreadas porque retienen la sangre, impidiendo que fluya. Los hematomas aparecen muy fácilmente en esta zona por golpes debido a la gran sensibilidad del gemelo.
  • Dolor en el tobillo: Los tobillos son, como las rodillas, muy complicados. Por el mismo caso, la lista de síntomas es igual o más extensa, presentándose, muchos de ellos, con mayor intensidad, incluso. Los peligros de esguinces y la peor incidencia del sobrepeso hacen que estos sufran mucho más que el resto de la pierna en todos los aspectos. Desprendimientos óseos, fracturas, artrosis (incluso gota), bursitis, osteocondritis y síndromes, unidos a la delicadeza y al pequeño tamaño de las piezas hacen que el tobillo sufra de dolor considerable, hinchazón destacable con aumento de la temperatura de manera habitual e incluso fiebre, merma en la movilidad, adormecimiento y entumecimiento, hematomas, inestabilidad… Sin duda, una parte del cuerpo que debes cuidar y mantener en forma.
  • Dolor en el pie: También tremendamente delicados, en ellos destacamos los dolores óseos por problemas como la artrosis, la aparición osteofitos, Paget así problemas específicos como metatarsalgia, uñas encarnadas, neuroma de Morton o fascitis plantar entre otros. Por supuesto, otras patologías típicas como tendinitis o bursitis, también son susceptibles de darse en el pie. Dolores sordos, mantenidos en el tiempo, incisivos, coloración de los tejidos, inflamación considerable, calor, hematomas, menor capacidad de movimiento…

¿Cómo podemos aliviar el dolor de piernas hinchadas mediante terapias complementarias y no invasivas?

Existen muchas terapias alternativas a las que recurrir para conseguir alivio del dolor de piernas. En este caso, nosotros te mostramos una buena cantidad de ellas que no son invasivas y que no requieren de la toma de medicamentos de ningún tipo.

Crioterapia

Poner frío en la zona de la pierna que nos duele es realmente efectivo puesto que este actúa como analgésico al tiempo que adormece. De este modo, consigues un alivio del dolor de piernas prácticamente inmediato. Además, también es bueno bajar la temperatura de la zona si hay hinchazón, porque el flujo sanguíneo y la temperatura habrán aumentado y debemos tratar de evitar estas situación.

Además de usar productos específicos para aplicar frío como las bolsas de gel o calcetines para crioterapia, puedes aprovechar al terminar de la ducha para aliviar tus piernas con agua fría. Es importante indicar que el dolor para el que se recomienda la crioterapia es el agudo, el dolor repentino que es causado por un traumatismo o una lesión, así como el propio de enfermedades que hacen que este síntoma aparezca bruscamente.

Termoterapia

Consiste en aplicar calor en la zona en la que sentimos dolor. Contraria a la crioterapia, es útil cuando el dolor que tienes ya no es agudo, es decir, cuando han pasado al menos dos o tres días desde que te lesionaste o apareció repentinamente. También es la terapia necesaria en caso de padecer de dolor crónico o para aquel que aparece a causa de otros problemas pero de manera lenta y gradual sin ser demasiado intenso.

Nunca haremos termoterapia si tenemos hinchazón. Puedes usar sacos térmicos para calentar en microonda manteniéndolos durante unos 20 minutos sobre la zona. Si te duele un gran área o toda la pierna, lo mejor es darte un baño de agua caliente o ir a saunas.

Terapia de frío y calor

La terapia de frío y calor, también llamada terapia de contraste, consiste en aplicar alternativamente calor y frío a una zona. En el caso de las piernas, recomendamos esta terapia si tienes los tejidos mal nutridos, si tienes problemas articulares o padeces reuma u otras enfermedades óseas como la artrosis. Para una correcta aplicación debemos aplicar tanto en frío como el calor durante 2-3 minutos cada una.

Terapia de compresión

La compresión se utiliza para reducir la movilidad de las zonas a tratar, como sería el caso de tener un problema articular, haber habido una luxación o una fractura, etc. De este modo, aseguramos que la zona lesionada permanezca en su lugar para que la cura sea más rápida y efectiva.

Pero también es muy importante destacar que podemos realizar terapia de compresión para tratar los problemas circulatorios, que es para lo que verdaderamente se realiza en consulta. Tanto si tienes pobre riego sanguíneo como si la sangre fluye lentamente o si tienes tendencia a que se te formen coágulos o trombos o incluso tienes o has tenido edemas, los vendajes compresivos serán necesarios.

Terapia de masaje

El masaje es especialmente adecuado para las piernas cansadas por tratarse de una zona amplia en la que se puede trabajar cómodamente. El fisioterapeuta o masajista especializado puede tanto tratar zonas muy afectadas como extenderse en sus masajes para desestresar tejidos, destensarlos, hacer que fluya la sangre, etc. Lo ideal es esperar unos días después de haberse producido la lesión o si tu dolor es muy fuerte debido a que no debes forzar la musculatura de la pierna y además, el masaje puede resultar muy doloroso e incluso contraproducente.

Terapia de acupresión

La acupresión es muy recurrida cuando se padecen lesiones en las piernas porque consiste en la presión de puntos de nuestro cuerpo que no tienen porqué encontrarse en la zona afectada. Esto implica que no hay contacto con la zona lesionada, lo cual en ocasiones es necesario para no empeorar la situación. Cada punto de los muchos que contempla esta práctica nacida de la Medicina Tradicional China, ayuda a tratar síntomas y enfermedades así como ayudan de manera general a reducir el dolor.

Otras terapias alternativas efectivas

  • Remedios naturales con uso de plantas: Puedes recurrir a ciertas plantas para mejorar el estado de tus piernas reduciendo el dolor y otros síntomas así como las causas de este. Las más adecuadas son el Ginkgo Biloba si tienes problemas circulatorios, vid roja y hamamelis para piernas cansadas, la cola de caballo, el jengibre, el romero y la cúrcuma como antiinflamatorios y la menta, la valeriana o la ortiga si buscas, directamente, que sean analgésicas.
  • Acupuntura: La acupuntura es sensacional tanto si tienes dolor de piernas generalizado como si te has lesionado en alguna zona en particular puesto que existen puntos de actuación para tratar la pierna al completo y para calmar el dolor generalizado de todo el cuerpo. Así, las opciones son muchas. Ten en cuenta que esta terapia implica la introducción de agujas en diferentes capas de los tejidos y es contraproducente trabajar ciertos puntos que alivian el dolor de piernas en mujeres embarazadas. Estos, aunque sean muy buenos actuando como analgésicos, no debemos estimularlos.
  • Kinesioterapia: Esta terapia es de las más adecuadas en circunstancias específicas. En muchas ocasiones, la falta de movimiento es la causante de los problemas que nos producen dolor. El reposo absoluto, que también implica pasar horas de más en la cama, retrasa la cura del problema. Debemos movernos pero de manera adecuada y una terapia de movimiento aportará beneficios a diferentes niveles. Los estiramientos neuromusculares, los masajes y movimientos en ángulos específicos y otros tantos movimientos ayudan a mejorar rápidamente y a evitar el daño propio del entumecimiento que se puede sufrir cuando nos lesionamos y reducimos drásticamente nuestra actividad.
  • Aromaterapia: Primordial si el dolor se debe a motivos emocionales y una terapia ideal para complementar al masaje. Un aroma agradable nos relaja, lo que supone que seamos más receptivos ante el amasamiento de los tejidos, descansándolos. Además, nos ayuda a dejar de lado, por un tiempo, esos problemas que están siempre en nuestra cabeza. Lo que hay que hacer es usar un aceite natural de alguna planta asociada con los problemas que sufrimos. Tanto las propiedades tópicas del producto como el propio aroma tendrán efectos en nuestro cuerpo.
  • Osteopatía: Es una terapia muy efectiva si el dolor que tenemos se debe a problemas óseos como fisuras, fracturas o enfermedades de los huesos o no, que degeneran el tejido óseo. El osteópata realiza un tratamiento completo que incluye mucho más que manipulación (que es la acción principal), como sucede en el caso de los masajes. Se busca recuperar el equilibrio de la zona y de las partes asociadas e implicadas en su actividad habitual. Para ello se hace un estudio completo de estas, se evalúan las disfunciones, se trabaja sobre ellas y, después, realizar masajes de descarga, alineaciones tisulares y un sin fin de actuaciones disponibles.

¿Cómo aplicar el método RICE paso a paso para reducir el dolor en piernas?

El método RICE se utiliza como protocolo de primeros auxilios en circunstancias de lesiones recientes. Esto significa que su aplicación se debe llevar a cabo si el dolor que padecemos es repentino o agudo y tenemos las piernas hinchadas, no cuando ya se ha vuelto crónico.

Los pasos que tienes que seguir son:

  • Protección: Este primer paso es fruto de una actualización del RICE al método PRICE y se realizará siempre que exista una circunstancia de peligro. Se trata de llevar a cabo cualquier actuación que impida que el dolor y otros síntoma empeoren. Por ejemplo, detendremos la actividad que estemos haciendo, cambiaremos de postura para evitar el apoyo en pie y pierna, taparemos la zona, etc.
  • Reposo: Es muy importante que no sigas forzando las piernas (si es el caso) y que dejes que se recuperen del cansancio. Además, la causa del dolor, que puede ser una lesión, debe tratarse y, prácticamente siempre el reposar la zona afectada es la mejor opción. De este modo, evitas que los tejidos se sigan dañado y favoreces la recuperación, especialmente si estos se han fisurado o agotado. Evita el reposo total porque el resultado será contraproducente pudiendo atrofiarse los tejidos. Simplemente, trata de evitar esfuerzos y saca algunos ratos al día para reposar. Cuando te muevas, hazlo con los apoyos que sean necesarios, como una muleta o un bastón, para no cargar las piernas.
  • Hielo: Para dejar de tener las piernas hinchadas, nada como ponerte frío en ellas o terminar de ducharte con agua fría. Además, la baja temperatura también es analgésica, de manera que adormeciendo la zona, retirando inflamación y con el propio efecto analgésico, el alivio será inmediato.
  • Compresión: Más que probable que tengas que usar algún tipo de compresión. Esta ya hemos visto que es adecuada si retienes líquidos, si tus tejidos se han distendido o lesionado en general y necesitan recuperarse idóneamente. Tienes opciones como un vendaje compresivo o una muslera de compresión para evitar la hinchazón, favorecer el flujo sanguíneo y mantener la zona con cierto grado de inmovilización.
  • Elevación: Por último, siempre que tengas ocasión, trata de poner las piernas en alto. De este modo, evitarás que se inflamen o ayudarás a que se deshinchen al final del día. Esto ocurre porque estamos dificultando que fluya un caudal sanguíneo demasiado intenso, algo propio de circunstancias como simples golpes, lesiones o algunas enfermedades.

¿Cómo prevenir futuros dolores de piernas, rodillas y pies?

¿Cómo prevenir futuros dolores de piernas, rodillas y pies?

Si el dolor de piernas e preocupa y no quieres que vaya a más (o que no aparezca si aún no se ha dado el caso), te alegrará saber que sus pautas preventivas son bastante sencillas.

  • Peso adecuado: Mantente en tu peso saludable ya que la parte inferior de nuestro cuerpo soporta mucho más peso que la superior. Las piernas tienen varias funciones y no es recomendable que tengan que llevar una carga extra, pues esto implica un sobreesfuerzo las 24 horas del día; no tienen descanso. Por supuesto, evitarás todos los problemas que el sobrepeso conlleva. Varía tu dieta y mantente activo o activa.
  • Hidratación: La hidratación siempre es importante pero puede que, de todas las partes del cuerpo, las piernas sean las que más se beneficien de ello. ¿Por qué? Su tamaño. Están repletas de todo tipo de tejidos y estos son, además, muy largos, algo que de por sí no resulta positivo. Por tanto, deben estar limpiándose de residuos y toxinas continuamente y necesitan grandes cantidades de oxígeno para funcionar óptimamente (recordemos que las piernas y los pies tienen cuantiosas funciones). Bebe abundante agua. Cambia tus bebidas por infusiones. Por supuesto, si haces deporte, bebe todavía más para reponerte.
  • Higiene postural: Para las piernas, tener en cuenta la postura es algo esencial que realizaremos todo el día, incluso durante las horas de descanso (puedes ponerte un cojín bajo las rodillas). Trata de no cruzar las piernas cuando te sientes, mantenlas flexionadas, a poder ser, en ángulo recto. Como en la cama, cuando descanses en el sofá, ponlas en alto con algún almohadón como apoyo. De pie, trata de no tener la pierna totalmente recta o ejercerás demasiada presión sobre la rodilla; lo ideal es mantener una mínima flexión cambiando el punto de apoyo cada cierto tiempo.
  • Estiramientos: Cada vez que tengas que realizar una actividad física que requiere forzar las piernas durante mucho tiempo o que requieran de una alta intensidad se recomienda realizar un buen calentamiento con movilidad y estiramientos. Se trata de activar al cuerpo para que se prepare. Con sencillísimos ejercicios de corta duración los tejidos serán capaces de dar mucho más de sí y sin consecuencias negativas.
  • Actividad física: Cuando hagas ejercicio, adecúa intensidad y otras características a tus posibilidades. Trabaja poco a poco, de menos a más, y podrás lograr practicar deportes muy activamente pero es necesario que lo hagas de acuerdo a tus capacidades. Comienza por andar a diario, después introduce el trote, en las máquinas de gimnasio, nunca te excedas con el levantamiento o movimiento de peso y comienza cada sesión con menos peso del que habitualmente eres capaz de trabajar para ir aumentando cuando los tejidos estén calientes. El ejercicio aeróbico es el más recomendado para evitar el fenómeno de piernas cansadas.
  • Descansos: Descansa las piernas. Hazlo cuando las sometes a mucho esfuerzo, como cuando haces deporte. Pero también en el trabajo o simplemente descansa de mantener una misma postura; no pases demasiado tiempo sentado, en cuclillas o de pie sin moverte o los tejidos se irán debilitando y anquilosando.
  • Ejercicios para piernas y pies: Haz ejercicios destinados específicamente a mantener y mejorar el tono muscular de los tejidos. De este modo, te cansarás menos haciendo cualquier actividad y correrás menos peligro de lesionarte. Lo mejor es acudir a un fisioterapeuta (o un osteópata si sólo te da dolor de huesos) y que te indique qué ejercicios realizar y de qué manera.
  • Masaje: Por supuesto, dedícate un tiempo para el disfrute realizándote un buen automasaje; los tienes tanto estimulantes para incrementar el flujo sanguíneo y preparar los tejidos al comienzo del día como relajantes para descongestionar las piernas y prepararlas para tener un sueño reconfortante y reparador. Si lo crees necesario, acude, también, a un masajista profesional de manera periódica para que constate el estado de tus piernas y te dé indicaciones para mejorar los masajes que te hagas tú mismo.
  • Fortalecimiento abdominal: Si tu problema es de origen nervioso, haz ejercicios para fortalecer la zona abdominal. Estos ayudan a que los nervios lumbares no se compriman con tanta facilidad y, por ende, que no lleven dolor hacia las pierna. Disponer de una zona central de nuestro cuerpo fuerte evitará que las piernas se fuercen en exceso y podremos evitar lesiones en ellas.
  • Prendas adecuadas: Tanto para piernas como para pies vas a encontrar prendas compresivas que ayudan especialmente a protegernos cuando hacemos ejercicio o actividades de alta intensidad (mallas cortas o largas, tobilleras, rodilleras de compresión etc). Pero también debemos prestar atención a la ropa y calzado que usamos habitualmente. Las telas de algodón y una presión media nos fatigarán menos, permitirán que los tejidos corporales se flexionen, estiren y tensen a su justa medida y serán más cómodas a la hora de realizar cualquier actividad. En cuanto al calzado, procura no llevar suela completamente plana pero tampoco abusar del tacón.
  • Crioterapia: Si tienes problemas de pesadez, no dejes de aplicarte frío en las piernas, ya sea al acabar de la ducha, haciendo natación o con productos de crioterapia como las bolsas de geles fríos para tratar las piernas cansadas.

¿Por qué debemos evitar las pastillas e inyecciones para aliviar el dolor de piernas y cadera?

El dolor no se cura tomando medicamentos, eso es lo primero que debes saber. Puede paliarlo durante un breve tiempo, pero eso es algo que ya puedes conseguir, y con mucho éxito, con las terapias que te hemos comentado anteriormente, sin sufrir los efectos negativos que tienen los fármacos.

Además, su composición es química. Eso significa que estamos introduciendo químicos en nuestro cuerpo, los cuales siempre tienen una repercusión negativa, por pequeña que sea, especialmente a medio y largo plazo si abusamos del consumo de medicamentos. No podemos olvidar que la automedicación está siempre contraindicada.

Si a pesar de haber intentado calmar el dolor sigues considerando que debes tomar algún fármaco, acude a consulta y que sea tu médico quien, tras evaluarte, decida qué debes tomar. Te recetará los analgésicos adecuados y, de ser necesario, un tratamiento completo según la patología que tengas.

Referencias

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