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¿Cómo aliviar el dolor de espalda?

Conseguir reducir el dolor de espalda es esencial para poder llevar un día a día normal. La espalda es una zona corporal grande y compleja, lo que implica que nos podamos hacer daño de muchas maneras diferentes.

Conocerás las causas del dolor de espalda así como los síntomas que se acompañan en cada caso, para que puedas conocer cuál es tu problema. Por supuesto, te damos pautas para recuperarte cuando te duela la zona, te recomendamos las mejores terapias no invasivas y te ayudamos a que no te vuelva a doler la espalda ofreciéndote los mejores consejos preventivos.

¿En qué consiste el dolor de espalda y cómo identificarlo?

¿En qué consiste el dolor de espalda y cómo identificarlo?

El dolor de espalda es una molestia de tipología e intensidad muy variable que implica cantidad de síntomas. Puede ser motivo de lesiones pero también de enfermedades y otras patologías y, al mismo tiempo, causar también daños en otras áreas.

De hecho, aunque hay todo tipo de causas, el dolor de espalda se considera una de las patologías sin causa específica porque aparece muy comúnmente a partir de un mecanismo neurológico desconocido que implica dolor, contractura muscular e inflamación. Esta es su forma más básica, la que se padece más a menudo y la que, a día de hoy, se sigue estudiando.

Para su sencilla identificación, lo más correcto es determinar qué zona de la espalda nos duele. Esto es importante porque muchos de los problemas causantes sólo afectan a una parte de ella, ya sea la espalda alta o la zona lumbar, lo que nos serviría para acelerar el diagnóstico.

Dolor de espalda baja (lumbago o dolor lumbar)

Es una molestia bastante intensa que incide en las vértebras lumbares (L1-L5), la del sacro (S1) y la del coxis (S2), a los lados (detrás de los riñones) y que, a menudo, por su causa, el dolor se irradia llegando incluso a los pies.  También nos duele la espalda baja si sufrimos espasmos o desgarros musculares así como diferentes enfermedades degenerativas. Lo habitual es que exista un trauma o lesión previos.

Dolor de espalda alta (dolor cervical)

Se relaciona muchísimo con la cervicalgia y con problema en los hombros aunque, por supuesto, también aparece por mantener malas posturas, posiciones forzadas, por estrés, por debilidad que causa irritación de los músculos, y por las patologías que afectan a la espalda en general.

Dolor en la espalda media (dolor dorsal)

Aparece por problemas más generalizados, el daño suele ser menos grave y el dolor resulta más difuso, abarcando una gran área y no es incisivo. La falta de higiene postural y los sobreesfuerzos son el origen habitual de este daño.

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¿Qué provoca los dolores de espalda y cuáles son las causas qué lo originan?

De las muchas circunstancias que vivimos en nuestra rutina diaria, hay algunas actividades que pueden afectar directamente a nuestra espalda y hacer que nos duela.

Por malas posturas

Mantenernos en una mala postura durante bastante tiempo hará que nos duela la espalda. Ocurre tanto a nivel óseo como muscular, por forzar tanto huesos como músculos al estar extendidos o retraídos antinaturalmente. Cuanto peor sea nuestra forma física más fácil nos dañaremos la espalda y más intenso será el dolor.

Embarazo

El embarazo hará que nos pueda doler la espalda por varios motivos:

  • Conforme el bebé gana peso, tenemos una carga mayor y esta se mantiene las 24 horas del día. Trata, por tanto, de no subir de peso más de lo necesario.
  • Al crecer el bebé, va aprisionando los órganos. Esto incluye los nervios, capaces de hacer que cambie el eje de nuestra columna y, por supuesto, que se den dolores por las diferentes partes del cuerpo que dichos nervios atraviesan.
  • Otros efectos del embarazo son las piernas cansadas, además, el gran volumen abdominal hace que nos movamos de distinta manera.
  • En general, nos sentimos más débiles, de manera que toda actividad nos cansa antes y termina suponiendo un gran esfuerzo para la espalda.

Senos grandes

Tener un pecho grande supone contar con una carga extra que, en conjunto con la gravedad, tira continuamente de nosotros, modificando la postura de nuestra espalda para adaptar esa carga extra. Por supuesto, no podemos olvidar el peso de los senos aunque, ciertamente, el problema principal es de tipo postural.

Sobrepeso

El sobrepeso es un gran mal para nuestro organismo a todos los niveles. Sin embargo, causa estragos principalmente en los huesos al cargarlos sin descanso. Esto significa que, como en el caso del embarazo, llevamos una carga extra las 24 horas del día, sin posibilidad de descanso. Por otro lado, cabe mencionar que el tejido lipídico degenera los discos intervertebrales causando lesiones, al mismo tiempo que segregan unos polipéptidos que provocan citoquinas, inflamadores sistémicos por excelencia.

Esfuerzos intensos

Cuando trabajamos demasiado, no importa con qué parte del cuerpo, la zona se resiente. Si le sumamos peso, una postura incorrecta, repetición continua y sin descansos, tenemos las circunstancias perfectas para que nuestros tejidos se resientan sin capacidad de regenerarse, lo que termina en problemas como distensiones o desgarros musculares en la espalda.

Estrés o ansiedad

Estas situaciones mentales afectan físicamente a nuestro organismo. El dolor se somatiza y lo llevamos a zonas especialmente vulnerables, como es el caso de la espalda. Además, este tipo de trastornos no sólo produce un daño sino que lo favorece y potencia, además que lo puede cronificar, haciendo que ya nos duela la espalda de por vida. Podemos sumar al daño psicosomático el hecho de que, al estresarnos, tensamos nuestros músculos inconscientemente.

Por gases

Cuando tenemos gases y somos incapaces de expulsarlos, estos causan dolor abdominal por acumulación y extensión de esta zona. El dolor que se produce puede irradiarse hacia la espalda. No te preocupes porque es una situación muy fácil de identificar. El dolor desaparece en función del tiempo que permanezcan los gases retenidos en el estómago y de cuanto se inflamen los tejidos.

Por cargas excesivas

En nuestro día a día es muy común que vayamos cargados de acá para allá. Por supuesto, es necesario hacerlo de manera adecuada, pero no solemos hacerlo. Hay maneras específicas de coger y llevar cargas pero normalmente lo hacemos mal. Además, acostumbramos a llevar más peso del debido recayendo en la espalda.

¿Qué tipo de enfermedades pueden causar la aparición de dolor de espalda?

Las patologías que pueden producir daño en la espalda son incontables, pues esta es grande y compleja. Sin embargo, veremos las más habituales, que son las siguientes:

Ciática

Esta en una patología de origen nervioso, se oprimen o irritan los nervios que salen de entre las vértebras lumbares. Esto ocurre habitualmente, porque se fracturan los discos vertebrales, porque aparecen cuerpos extraños que empujan en la zona o incluso porque tenemos una infección.

Se produce un dolor específico en la zona lumbar y baja por la cadera hacia la pierna y el pie, siendo un dolor eléctrico y muy agudo, produciendo incapacitación prácticamente total para la actividad rutinaria. Es común que el muslo y el pie se adormezcan.

Escoliosis

La columna tiene una forma no natural, torciéndose hacia uno de los lados y creando una forma de S o C. Si las prendas correctivas y la terapia física no funcionan, se puede realizar una cirugía. Su aparición puede deberse a problemas neuromusculares, a enfermedades degenerativas o venir dada por herencia.

La espalda puede doler de manera general o en la zona baja, según la deformidad que tenga la columna. Además, la zona más baja de la espalda se fatiga rápidamente. La cadera y los hombros se desalinean también. Con el tiempo, es posible que se sufra osteoartritis y otras enfermedades derivadas de un mal movimiento continuado de las vértebras.

Hiperlordosis

Similar a la anterior, lo que ocurre es que la forma de la columna es correcta pero mucho más pronunciado, es decir, la desviación vertebral se produce hacia adelante y hacia atrás, no hacia los lados. La sintomatología es idéntica a la de la escoliosis.

Lumbago

La lumbalgia produce un dolor severo que aparece en la espalda baja por múltiples causas como artritis reumatoide, hernias de disco, fracturas, ciática, espasmos, estenosis raquídea etc. Su padecimiento hace que cambiemos nuestra postura, manteniendo una forma anormal de la columna durante mucho tiempo, lo que supone que nos duela toda la espalda. Además del dolor general también aparece rigidez, espasmos, hormigueo, dificultad para mantenernos de pie en la postura correcta y una menor movilidad de la zona lumbar.

Fibromialgia

Es una condición crónica con cantidad de síntomas. El más característico es el dolor muscular agudo que afecta a nuestra columna vertebral, haciendo que también nos duelan las vértebras. También aparece rigidez muscular y síntomas en otras partes del cuerpo. Es realmente impactante saber que un síndrome tan complejo no tiene cura, aunque sí puedes mejorar tu calidad de vida tratándolo con actividad física, una buena dieta, sueño adecuado en horario y calidad y rehabilitación física general que incluya terapia osteopática, kinestésica y masaje.

Hernia discal

Los discos son los separadores intervertebrales que evitan que las vertebras choquen unas con otras. Tienen un núcleo gelatinoso, suave y frágil y un exterior que es duro y gomoso, diseñado para protegerlo. Cuando hablamos de hernia nos referimos a que el núcleo se empuja hacia afuera desgarrando el anillo exterior que lo protege.

La hernia discal por sí misma ya produce dolor y corre riesgo de infección pero, además, es capaz de irritar un nervio de la zona, haciendo que estos se atrofien y manden todo tipo de señales erróneas al cerebro, incluidas las de dolor. La debilidad en brazos y piernas y el entumecimiento son habituales dependiendo de la zona en la que se haya producido la hernia.

Enfermedades degenerativas

Todas las articulaciones se van deteriorando con el paso del tiempo por el simple uso. En el caso de las vértebras, sucede lo mismo, dándose un desgaste de los discos que se encuentran entre ellas y cuya función es de amortiguación. Además de un dolor muy agudo en la espalda y más sutil en el cuello, notas que pierdes elasticidad y flexibilidad.

La espalda baja también permanecerá inflamada a menudo, llegando, incluso, a la cadera. Los movimientos pueden ser inestables, haciendo que el propio ejercicio de andar desgaste aún más los discos, multiplicando el dolor y la hinchazón vertebral.

Coxidinia

Es la inflamación del coxis en su parte inferior, en la parte más baja de la columna. Causa sensibilidad en tendones y ligamentos adyacentes, lo cual hace inevitable que duelan con los simples roces entre ellos y con el resto de tejido circundante.

Lo habitual es que se produzca por un impacto físico como un golpe, un impulso en el parto o una fractura repentina y muy brusca. Pero también la actividad repetitiva o la obesidad pueden ser causantes. La solución pasará por desviar la presión a otra zona, para lo cual los cojines para el coxis son muy adecuados.

Fracturas de la columna vertebral

Es una compresión anormal de la columna debido a un enorme impacto vertical, una de las vértebras se rompe. En ocasiones, también puede ocurrir por producirse osteoporosis. Es una situación muy poco frecuente pero los daños que ocasiona son muy graves, llegando a producir parálisis de las extremidades. Como puedes imaginar, el dolor es tan grave como la propia situación que lo provoca.

El dolor lo notamos en la zona fracturada y en los nervios que se encuentran cerca, pues son aplastados y empujados. También podemos referir dolor en el cuello. Además, se producen intensos espasmos, hormigueo y entumecimiento. Más allá, comprobamos que este problema también produce disfunción de la vejiga y el intestino.

Estenosis

Es el estrechamiento del canal donde se albergan las raíces nerviosas. Si ello ocurre, estas se aprisionan y aplastan, comprimiéndose y produciendo dolor a lo largo de todo el nervio, tanto en la espalda como en la zona hacia donde se dirija. Aparece normalmente si padecemos de osteoartritis o nos han salido espolones.

Problemas musculares

Desgarros, tensiones, distensión, rigidez, desgaste, existe una gran cantidad de problemas musculares que nos afectan cada día, simplemente por realizar actividades cotidianas, y que producen el dolor de espalda más básico. Mantén el tono muscular, descansa y acostumbra a hacer las actividades a un ritmo adecuado a tus capacidades. De no ser así, siempre sufrirás de dolor de espalda.

Infección urinaria

Si padecemos una infección y esta lleva a reproducirse hasta los riñones, sentiremos fuerte dolor en ellos, notándolo en la espalda, sobre todo en la zona baja.

¿Cuáles son los síntomas y tipos de dolor que nos hacen pensar que tenemos una lesión en la zona dorsal?

¿Cuáles son los síntomas y tipos de dolor que nos hacen pensar que tenemos una lesión en la espalda y zona dorsal?

Cuando nos lesionamos la espalda es habitual que, junto al dolor que se puede presentar de diferentes maneras, se den otros síntomas, que a continuación listaremos los más comunes:

  • Dolor variable: La intensidad es muy variable en función del tipo de lesión, de la zona afectada, de tu tono…
  • Dolor general: Ocurre con problemas sin foco como malas posturas, sobrepeso o muchas enfermedades. Este suele ser leve o moderado.
  • Dolor crónico: Algunas patologías o el empeoramiento de estas suponen que padezcamos un dolor ya crónico, es decir, intermitente, que aparece y desaparece pero que nos acompañará toda la vida. Este no es agudo, sino más suave y, en general, no incapacita, bajando aún más de intensidad si reposamos.
  • Dolor punzante: Su motivación suele ser nerviosa y encontramos puntos de dolor bastante bien definidos.
  • Inflamación: En algunas ocasiones, cuando el problema es de tipo muscular, la zona se puede hinchar un poco e incluso podemos descubrir la forma del tejido afectado.
  • Quemazón: También se relaciona con el daño del sistema nervioso o incluso con un incorrecto flujo sanguíneo. Además, puede darse ante lesiones de los discos.
  • Hormigueo: Ya sea porque el origen es nervioso o por falta de movilidad (demasiado reposo y principio de atrofia), sentimos que la piel se vuelve mucho más sensible e incluso nos hormiguea y se adormece.
  • Disestesia: La sensibilidad se altera, sintiendo algo desagradable cuando nos tocan.
  • Parestesia: Incorrectamente, sentimos que nuestra temperatura es más baja o más alta o que tenemos cosquilleo. Es un problema claramente nervioso.
  • Debilidad muscular: Habitualmente se produce por exceso de reposo cuando sentimos dolor, es decir, como un efecto derivado. Sin embargo, también hay patologías que causan que el tejido muscular se debilite, lo que implica que podamos movernos más lentamente, nos cansemos antes y no podamos hacer actividades con la misma facilidad que antes.
  • Dificultad en el movimiento: Tanto el propio dolor como tener atrofia o debilidad muscular hacen que el movimiento se dificulte; nos agota, nos incapacita y moverse supone un esfuerzo mucho mayor.

¿Cómo podemos aliviar el dolor de espalda mediante terapias complementarias y no invasivas?

Si quieres eliminar el dolor de espalda y estás buscando una manera natural, sin medicamentos y nada invasiva para conseguirlo es importante que consideres las siguientes terapias.

Terapia de masaje

Sin duda, el masaje es la terapia por excelencia para aliviar el dolor de espalda. Una zona tan amplia puede ser perfectamente manipulada sin causar daños. Además, existiendo diferentes tipos de masajes, desde un simple masaje relajante que hará que tus músculos dejen de estar rígidos hasta movimientos transversales para realinear los tejidos.

Habrá muchos casos en los que un masaje no resulte efectivo como por ejemplo, si tienes una hernia de disco o ciática. En los casos en los que se involucran tejidos blandos que se encuentran justo por debajo de la piel y que pueden ser manipulados, el masaje es perfecto si sientes dolor por agotamiento, por una mala postura, por exceso de peso etc.

Terapia de acupresión

La acupresión nos ayuda a reducir en dolor de la espalda aplicando una suave presión en puntos meridianos, que son unos puntos diferentes a los que realmente nos duelen pero que tienes presionando sobre ellos alivias el dolor en otras zonas.

  • ST36: Está justo debajo de la rodilla, en el hueco externo bajo el fin de la articulación (no bajo la rótula), al lado de la tibia.
  • A40: Justo en la mitad de la depresión de las rodillas o corvas. Puede que te sea más fácil encontrarlo flexionando, pues es justo donde se crea un pliegue.
  • C5: En la cara interna de la pierna, concretamente cerca del borde posterior de la tibia y a cinco dedos de la prominencia del maléolo interno.
  • E12: Sobre la clavícula, en su borde más superior.
  • F1: Pulsa sobre la depresión que se crea entre los  metatarsos segundo y tercero.
  • Yuyao (Ex-HN4): Divide mentalmente tu ceja en tres partes; el punto se encuentra el comenzar la segunda de ellas, contando desde el interior, generalmente casi alineado con la pupila.
  • B62: Este está debajo de la punta prominente del maléolo externo.
  • H22: Se encuentran debajo de la apófisis espinosa de las vértebras lumbares, a los lados, a una distancia de unos dos dedos.
  • I22: Están en la zona alta del hombro, al lado del cello, entre la columna y el acromion.

Termoterapia

Cuando sientas un dolor leve o moderado que no aparece de repente sino que es venido poco a poco, sin demasiado foco o bien cuando el proceso agudo tras una lesión haya finalizado, ponte calor en la espalda. Es muy reconfortante y ayuda a irrigar todos los tejidos, de manera que estos vuelvan a cumplir su función más rápidamente. Además, el oxígeno y los nutrientes se renuevan, desintoxicándonos. El tiempo de uso no debe superar los 20-25 minutos en cada sesión, y puedas usarla varias veces al día sin problemas.

Crioterapia

Si, por contra, el dolor que padeces es reciente y aparición repentina, está bien definido y es intenso, debes ponerte frío. También lo harás si acabas de lesionarte. Ojo porque el frío entraña algo más de peligro que el calor, de manera que no podemos repetir sesión de crioterapia demasiadas veces al día. Es importante que la temperatura sea bastante baja pero que no estemos demasiado tiempo seguido expuestos a ella, se recomienda que cada sesión de aplicación de frío no supere los 15-20 minutos como máximo, se puede aplicar 3-4 veces diarias.

Terapia de frío y calor

Dependiendo de la causa, es muy probable que también puedes hacer terapia de contraste. Esta terapia es buena en el caso de tejidos desgastados y mal nutridos, cuando necesitan ser correctamente alimentados porque se encuentran en un estado de atrofia, pues estos se verán renovados con la aplicación de forma alternada de frío y calor. Además, esta método ayuda a la puesta en marcha o vuelta a la actividad física. También es muy útil si el problema que tienes es de tipo reumático.

Terapia de compresión

La terapia de compresión sirve para mantener los tejidos en su lugar y que, con ello, tengamos una más corta y mejor recuperación. Además con el uso de una faja de compresión podremos realizar nuestras actividades diarias con total seguridad aunque tengamos alguna molestia en la zona de la espalda baja, ya que la faja ayudará a reforzar los músculos de esta zona. Lo importante es que la presión que se aplique esté controlada para que no sea contraproducente.

Otras terapias alternativas efectivas

  • Remedios naturales con uso de plantas: Si sufres de estrés, hazte una infusión de lavanda o melisa. En caso de buscar un analgésico puo natural, opta por el jengibre, el enebro o el harpagofito. Otras plantas útiles para infusionar son la valeriana o el romero.
  • Acupuntura: Se estimulan los puntos vistos en acupresión pero utilizando agujas en lugar de los dedos. Ello supone que estas deben introducirse en nuestra piel a diferentes niveles. Aun así, no debe preocuparte, no es una técnica dolorosa.
  • Kinesioterapia: Un experto te evaluará y ayudará a tu pronta recuperación a base de mandarte realizar ciertos movimientos. Es posible, según te encuentres, que las primeras sesiones sean pasivas, es decir, que sea él mismo quien trabaje por ti colocando tu cuerpo como corresponda y moviéndolo. Poco a poco, irás realizando más ejercicios, siempre relacionados con el movimiento, para devolver el equilibrio a la zona de la espalda y, con ello, la funcionalidad de sus partes.
  • Aromaterapia: Aprovecha un buen masaje para utilizar aceites o esencias con aromas y propiedades adecuados. Por ejemplo, la camomila, la albahaca, el eucalipto o la manzanilla actúan como sedantes. Usar un aceite de este tipo y que penetre en la piel y a través de las mucosas de la nariz ayudará a que nos relajemos y sintamos menos dolor.
  • Osteopatía: Se recomienda en el caso de padecer un problema de columna, pues la manipulación de esta debe ser impecable. También puedes acudir a este experto aunque tu patología no sea vertebral pues se trabajan los movimientos de tejidos o la presión para normalizar el funcionamiento de las distintas partes.

¿Cómo aplicar el método RICE paso a paso para reducir el dolor de espalda?

Para quitar el dolor de espalda puedes seguir el protocolo RICE, que es un indispensable de primeros auxilios. En este caso, nosotros te hablamos de su versión mejorada, PRICE, que cuenta con un primer paso extra.

  • Protección: Protege tu espalda y lleva a cabo toda acción que haga que esta se mantenga a salvo para que el dolor no empeore o pide ayuda para ello. Deja de realizar la actividad que estés llevando a cabo, recuéstate, utiliza algo blando para apoyarte.
  • Reposo: Pasa que el dolor remita tendrás que dejar de mantener la actividad que lo propició. Por ello, no debes estar moviendo continuamente la espalda o los tejidos afectados no tendrán ocasión de recuperarse. Mantén reposo relativo, sin quedarte días y días en cama o conseguirás el efecto contrario al esperado. Utiliza apoyos para levantarte y haz sólo aquellas actividades que sean necesarias.
  • Hielo: Aplícate frío si tienes dolor agudo. Con él te aseguras que no se produzca inflamación o, si la hay, que esta remita. Además, el efecto antiinflamatorio de las bajas temperaturas conseguirá que tu sistema nervioso deje de enviar señales de dolor.
  • Compresión: Aunque no siempre ocurrirá, en ocasiones, según el problema que tengas, se recomienda que uses alguna prenda compresiva o un vendaje, como pueda ser una faja deportiva u ortopédica. De este modo, aseguras inmovilizar en cierta medida la espalda para lograr una recuperación más rápida y para evitar, por supuesto, que se produzcan desplazamientos. Además, los tejidos rígidos y agarrotados irán suavizándose, lo que nos hace ganar movilidad y reduce aún más el dolor.
  • Elevación: Por último, y este es sólo un paso opcional si tienes inflamación, procura que la zona en cuestión quede elevada por encima del corazón. Esto se hace para que no haya un flujo de sangre tan elevado, pero, realmente, en el caso de la espalda, no suele ser necesario, aun así, tenlo en cuenta.

¿Cómo prevenir futuros dolores de espalda y cadera?

¿Cómo prevenir futuros dolores de espalda y cadera?

Hemos hablado de las causas, los síntomas e incluso de las terapias alternativa más efectivas y con evidencia científica para tratar los dolores de espalda, pero lo verdaderamente importante es evitar que esto se produzca, es por ello que listamos algunos consejos a tener en cuenta para prevenir las molestias en la espalda.

  • Bajar de peso: De no estar en tu peso saludable, intenta bajar unos kilos. Este factor tiene un enorme impacto en el dolor de espalda y de prácticamente cualquier parte de nuestro cuerpo. Varía tu dieta, bebe más agua y habitúate a hacer alguna actividad física diariamente.
  • Estilo de vida saludable: Opta por todo tipo de hábitos de vida saludables. La espalda atrae todos los dolores y se ve muy afectada con muchísima facilidad, de manera que mantener todo tipo de hábitos saludables será siempre un plus a la hora de encontrarte bien. Por ejemplo, la nicotina que lleva el tabaco, aunque no lo creas, produce envejecimiento prematuro de la columna vertebral.
  • Higiene postural y ergonomía: Por supuesto, sigue todos los consejos de higiene postural que tu fisioterapeuta te dé cuando acudes a hacer terapia para aliviar el dolor de espalda para que la estructura de esta no degenere tan rápidamente. Algunos ejemplos son:
    • Evita las posiciones forzadas, como la desalineación de la espalda al dormir de lado. En función de la forma de tu cuerpo y otros factores, tendrás que escoger un tipo de colchón adecuado para ello.
    • No duermas boca abajo.
    • Si duermes de lado, tu almohada deberá ser más gruesa en la zona inferior, para que tu cuello descanse en su posición habitual.
    • Siéntate con la espalda recta, con la baja espalda en contacto con el respaldo de tu silla y reclinándote sobre este (debe tener un ángulo respecto al asiento de entre 90 y 110 grados).
    • Al andar, mantente erguido y con los hombros rectos, sin adelantarlos, pues esto hace que encorvemos la espalda.
    • Coloca tu televisor o monitor del ordenador a la altura de tus ojos, de manera que no tengas que estar estirado ni encorvado para mirar. Lo mismo ocurrirá a la hora de teclear en tu ordenador, de escribir o de realizar cualquier actividad en una mesa; debes asegurarte de poder hacerlo sin modificar la postura de tu espalda, para lo cual lo ideal es elegir una silla de altura ajustable.
    • Acostumbra a utilizar reposapiés; estos nos ayudan a mantenernos rectos.
  • Estiramientos y ejercicios: Empieza y termina el día con una corta serie de estiramientos; haz lo propio cada vez que vayas a realizar un esfuerzo con la espalda como practicar deportes de impacto, mover peso, etc. Procura, también, practicar actividades que sean de tu agrado y que sean equilibradores de la tensión muscular, como son el yoga o el pilates. Si acudes a un especialista te indicará ejercicios que puedes realizar para fortalecer los tejidos blandos de la espalda y mantenerlos y también para el abdomen, como es el caso de los ejercicios hipopresivos.
  • Deporte y actividades físicas: Escoge actividades de bajo impacto si padeces dolor de espalda a menudo. Evita salir a correr o patinar y decántate por el remo o la natación, que son especialmente adecuados para la espalda. Comienza cualquier actividad de forma gradual, aunque te veas capacitado para trabajar a mayor intensidad; hazlo, pero poco a poco, con más repeticiones y resistencia en cada jornada.
  • Cargas: En cuanto a las cargas, tenemos varios puntos que destacar:
    • No lleves bolso de un solo lado; opta por mochilas o bolsos bandolera (cruzados).
    • Tienes que elegir la longitud perfecta de las asas para que el peso quede en la zona media de la espalda en el caso de la mochila y sobre la pelvis si eliges bandolera.
    • Distribuye el peso de las bolsas y usa ambos brazos.
    • Siempre que puedas, carga objetos con los brazos pegados al cuerpo.
    • Para levantar cargas de una zona baja no curves la espalda. Hay que flexionar las rodillas y mantener la espalda recta al tiempo que contraemos el abdomen.
  • Descansos: Toma descansos si tienes que mantener posturas estáticas, especialmente si es estando sentado. Levántate, estírate y camina con la espalda recta. En el caso de estar de pie, simplemente carga un poco tu peso en otro punto haciendo medias sentadillas y estira y gira suavemente la espalda de vez en cuando. Del mismo modo, tampoco hagas esfuerzos durante demasiado tiempo.
  • Maneja el estrés: Puesto que el estrés nos afecta significativamente, es necesario que sepas manejarlo. Lo ideal es arreglar las situaciones que lo producen pero hasta que eso sea posible, dedícate a enfocarlas de otra manera. Haz meditación, busca un hobby que te distraiga (lectura, pasatiempos, rompecabezas…), ve a terapia de grupo o incluso acude al psicólogo. Este es un factor importante y aunque a muchas personas no les afecte, cuando el estrés hace estragos físicamente puede ser realmente insano, peor que el padecimiento, incluso, de algún problema físico real.

¿Cómo diferenciar un dolor de espalda con dolor en el pecho, costillas y pulmones?

¿Sientes un gran malestar en el torso y no sabes diferenciar si solo es un dolor de la espalda? En ocasiones, confundimos un dolor de espalda, al que no le damos importancia, con una infección pulmonar, la cual es muy grave y requiere de atención médica urgente. Ambos problemas comparten muchos síntomas, motivo por el cual es más que probable que alguna vez los hayas confundido o conozcas a alguien a quien le hicieron un mal diagnóstico.

Cuando tienes una infección en el pulmón, uno de los síntomas, si esta infección está avanzada, es el dolor de espalda. Al tratarse de una infección interna venida sin darnos cuenta, puede que ni se nos ocurra pensar en ella y achaquemos el dolor en la espalda a cualquier otro motivo.

Si atiendes a cómo te encuentras no debería resultarte demasiado difícil diferenciar ambas situaciones: Una infección pulmonar es una mezcla de dolor de espalda con gripe. Padeces síntomas compartidos pero lo cierto es que fácilmente vamos a ver cómo también sufrimos de tos, perdemos el apetito, nos cuesta respirar, tenemos secreción nasal etc. Aunque la fiebre y el dolor de cabeza pueden darse en ambos casos, cuando tenemos un problema de espalda ambos síntomas son mucho más leves que en el caso de la infección de pulmón.

En cuanto al pecho, que nos puede doler por el pulmón, lo diferenciamos del dolor de espalda porque el daño que se produce en la espalda es irradiado, extendido primero al cuello hasta llegar a la mandíbula y después yendo a la espalda y puede que a uno o ambos brazos.

¿Por qué debemos evitar las pastillas e inyecciones para aliviar el dolor de espalda baja o alta?

Aun sabiendo que el alivio del dolor de espalda es totalmente necesario para poder llevar el día a día de la mejor manera posible, te aconsejamos que no recurras a los fármacos para ello. Debes saber que no suelen ser necesarios, combinando algunas de las terapias no invasivas que hemos visto anteriormente y respetando los descansos y pautas médicas debería ser suficiente.

Por un lado tienes los conocidos efectos secundarios, que son aquellas circunstancias que se pueden dar a raíz de medicarte. Esto significa que puedes sentir un rápido y efectivo alivio de dolor pero, a cambio, padecerás algún que otro mal; estos pueden ser “inofensivos” como somnolencia o muy graves, como un síndrome piramidal.

Del otro lado tenemos los efectos que los químicos tienen en nuestro organismo. Estos no los notamos de manera inmediata o rápida como los efectos secundarios. Son fruto de acumulación de tóxicos en el organismo y se presentan a medio y largo plazo, habiendo causado estragos durante años sin darnos cuenta y sin que exista ya remedio para revertir sus perjuicios.

Tampoco hay que olvidar que automedicarse es una irresponsabilidad. Va ligada a los efectos secundarios, por supuesto. Sin embargo, tampoco debemos hacerlo porque no todos los analgésicos funcionan igual ni son adecuados para las mismas personas ni, de hecho, una misma persona en diferentes situaciones.

Por último, no queremos que olvides que, si consideras que el dolor es demasiado fuerte, puedes y debes acudir a tu médico. Es posible que algo no vaya bien, que necesites modificar el tratamiento que te esté dando, si lo tienes, o que, en efecto, y siempre que él lo considere, necesitas tomar algún medicamento para reducir el dolor.

Sea como sea, recuerda que los fármacos no te van a curar; sólo aliviarán tu dolor de espalda durante un breve tiempo, inferior, de hecho, que muchas de las terapias que hemos visto. En nuestra opinión, siempre es mejor reservar la toma de fármacos para tratar el problema que causa el daño y no el dolor en sí.

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