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¿Cómo aliviar el dolor en los pies?

El alivio del dolor en los pies es uno de los remedios más demandados a diario por miles de personas. Los pies dan sostén a nuestro cuerpo y se llevan impactos tanto internos como externos, de manera que sufren por partida doble. Por ello es natural que nos duelan a menudo.

En este post te vamos a descubrir exactamente qué es y cómo se identifica el dolor de pies, qué enfermedades, patologías y circunstancias lo provocan de manera directa e indirecta y cómo se agrava, conocerás los síntomas que acompañan al dolor de pie en una lesión y, por supuesto, las terapias que existen para calmar estas molestias.

¿En qué consiste el dolor de pies y cómo identificarlo?

¿En qué consiste el dolor de pies y cómo identificarlo?

El dolor de pies incluye una serie de sensaciones, siendo la principal el malestar. Este dolor suele ser hueco, pero ocurre tanto seco como punzante, pues es cierto que los pies incluyen una inmensa cantidad de patologías que podemos sufrir en ellos y cada una tiene síntomas propios.

El dolor es sencillo de identificar ya que, salvo excepciones, no suele extenderse poco más allá de encima del tobillo. Aunque sí es posible confundirlo con dolor precisamente en los tobillos. Y es que, un dolor en los pies, de hecho, puede venir causado de un dolor en la articulación del tobillo.

En general, si tenemos un daño en los pies, vamos a notar que nos duele el empeine, sobre todo al apoyar, también puede surgir malestar en la zona de la planta detrás de los dedos, el talón también se ve afectado, los pies se suelen hinchar y podemos sentir debilidad cuando nos ponemos en marcha (adormecimiento, hormigueo, entumecimiento, etc).

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¿Cuáles son las causas de los dolores en pies y tobillos?

Sin duda, te vas a encontrar muchísimos factores que hacen que te duelan los pies de una u otra manera, igual que, como veremos luego, también hay cantidad de patologías causantes.

Por traumatismos, golpes y caídas

Dar una mala zancada haciendo deporte, usar los pies como acto reflejo para evitar que algo caiga al suelo, que se nos caiga una caja encima, una caída en mala postura o sobre un objeto y, en general, cualquier traumatismo puede causar que nos duelan los pies.

Desde un simple dolor momentáneo hasta una fisura ósea, un desgarro de ligamento, un esguince, etc.  Todos estos puntos y muchos otros, que incluyen traumatismos de uno u otro tipo, harán que padezcamos este mal, aunque sea de manera fugaz.

Dolor al correr o al caminar

Cualquier caso anterior que el pie no haya tenido el reposo suficiente supondrá que sintamos molestias, más o menos severas, cuando nos movemos, no importa si lo hacemos rápido (corriendo) o despacio (simplemente andando). Los síntomas habituales son pinchazos al pisar con el pie lastimado, apoyo de un hueso dislocado o fisurado, una mala pisada etc.

En reposo o al apoyar

El dolor de pies en reposo suele ser por una patología ósea, una afectación aguda o que no se ha curado bien y se ha vuelto crónica. El otro motivo destacable es que exista un problema nervioso, que se haya visto afectado algún nervio y, por ende, el dolor aparezca de manera continuada.

Si los pies nos duelen al apoyar, puede ser por prácticamente todo tipo de causas, tanto ósea o nerviosa como por estrés, agotamiento o desgaste de los tejidos (esguinces, fascitis, exceso de carrera, sobrecarga, etc). Por la mañana o después de estar tiempo sin movernos, si tenemos los pies en una mala postura, lo habitual es que sintamos un dolor al apoyarlos aunque irá desapareciendo rápidamente conforme comenzamos a andar.

Destaca también la metatarsalgia, de causa realmente variada y que, en definitiva, supone el sufrimiento de los metatarsos, que son precisamente los huesos primeros que apoyamos en el suelo al levantarnos. Por otro lado están los problemas tópicos, como por ejemplo, las infecciones como el pie de atleta, originadas por sequedad y agrietamiento de la piel.

Por pies planos o cavos

Unos pies con una forma diferente a la natural para plantarse, caminar y llevar a cabo cualquier actividad supondrán que, para conseguirlo, tengamos que, o bien modificar nuestra pisada o bien desgastar más una parte del pie que otra. En ambos casos, se va modificando la estructura del pie, incluyendo los huesos, lo origina dolor. Es un proceso largo y que se termina siendo crónico.

Lo bueno de esto es que se puede tratar desde la infancia con zapatos correctos o plantillas especiales, para que en la adultez no tenga que suponer un problema y no se perciba dolor alguno ni ningún otro síntoma.

Por tener sobrepeso o en el embarazo

El aumento de peso incide directamente en el dolor en los pies. En general, vas a notar más cansancio, se te hincharán los pies y te dolerán, aunque es bastante más común que los síntomas incidan más en los tobillos.

Es un cuadro lógico, pues estás haciendo que tus pies soporten más peso de lo que están preparados. La solución es la pérdida de peso o, en previsión, fortalecer las zonas más sensibles de pies y piernas con ejercicios y terapias.

Dolor por pies fríos

Aunque el frío ayuda a adormecer nuestro cuerpo, es cierto que este puede llegar a producirnos daño. Y no es necesario estar pasando frío físicamente. Existe un mal que viene dado por problemas de circulación sanguínea y por falta de movilidad.

En el caso de tener mala circulación sanguínea, el pie pierde temperatura debido a que le llega menos cantidad de sangre y las causas pueden ser variadas, como tener una mala postura, problemas de oxigenación en la sangre, trombos, problemas neurológicos, etc . El síntoma común es el hormigueo o la sensación de que se “duerman” los pies.

El tratamiento principal está en la mejora de la circulación de la sangre, de manera que tu pie y todas sus capacidades estén en plenas condiciones. Lo ideal es que se mantenga siempre una actividad física para que las funciones de sus partes no se vean mermadas ni que estas se debiliten.

Por estrés y causas emocionales

No es la causa más común, pero sí es cierto que el malestar emocional y el no verse capacitado para afrontar el día a día,  influye en nuestro organismo hasta puntos tan extraños como que nos puedan doler los pies o las piernas, aunque lo habitual es que sean otras partes del cuerpo las que se vean afectadas primeramente.

Debido al estrés emocional podemos llegar a sufrir contracturas musculares en los pies sin apenas notarlo y de forma progresiva provocando dolor. El cansancio generalizado y el malestar producen lo que se conoce como pies cansados, que no es más que una percepción agravada tanto de las molestias físicas que notamos junto al dolor emocional que sentimos y que realmente notamos en todo nuestro cuerpo.

Tienes que trabajar sobre las causas primarias, que son psicológicas; sólo de este modo desaparecerán todos los dolores y demás síntomas asociados. Lo que sí se puede hacer, por supuesto, es trabajar en el alivio del dolor en los pies mientras vas solucionando los problemas emocionales.

Por ejercicio y esfuerzos intensos

Cualquier actividad que suponga un esfuerzo para cualquier parte del pie podrá concluir en un episodio doloroso unido a otros síntomas. Hablamos de una actividad deportiva, una labor en el trabajo o simplemente caminar durante más tiempo de lo esperado sin la preparación adecuada.

Forzamos, sobre todo músculos y tendones, que son las zonas más afectadas. Sin embargo, en función del esfuerzo, es posible que lleguemos a sufrir una lesión severa que incluya una fractura ósea, aunque solo sea una fisura. El reposo y la vuelva a la actividad de manera progresiva y con uso de una  protección, será esencial para no sufrir recaídas.

¿Qué tipo de enfermedades pueden causar dolor en los pies?

Sin duda, la complejidad de nuestros pies hace que pueda verse afectado por cantidad de patologías, siendo la mayoría de ellas causa del dolor que podemos llegar a padecer. Por ello, debemos diagnosticar la que padecemos a la mayor brevedad y tratarla para eliminar el dolor de los pies y, por supuesto, el resto de elementos de su cuadro sintomatológico.

Artrosis u osteoartritis

Una enfermedad reumática que consiste en el desgaste del cartílago que amortigua las articulaciones. Esto hace que te afecte tanto en tobillo como en los dedos de los pies que se van deformando poco a poco. Obviamente, esto hace que tengamos que modificar nuestra pisada y cambiado el apoyo.

La osteoartritis comienza con leves molestias y termina con un dolor elevado que impide la movilidad si no se trata a tiempo. También sentirás rigidez, inflamación e incluso aumentará la cantidad de líquido de la zona. Las uñas se vuelven gruesas, se encarnan, salen callos e incluso la piel del pie cambia de tonalidad.

El tratamiento debe comenzar cuanto antes para evitar la deformidad del pie, que es la que termina por empeorar nuestro estilo de vida. Serán necesarios realizar ejercicios de osteopatía y el uso de calzado ortopédico.

Artritis

En este caso, las articulaciones se inflaman, dependiendo del tipo de artrosis que padezcamos, se verán afectados diferentes estructuras como los huesos, tendones o ligamentos. Conoce la causa es fundamental, ya que puede ser por una infección o una fractura, o deterioro de las articulaciones.

Para aliviar el dolor en los pies por artritis debemos de reducir los síntomas propios de esta enfermedad que son la pérdida de movilidad, mayor rigidez, aumento de temperatura, etc. En función del tipo y el grado de artrosis, el tratamiento será muy diverso, incluyendo desde fármacos hasta pequeños cambios en el estilo de vida, ejercicios, uso de férulas, terapias de agua, termoterapia, masajes, etc.

Esguinces

Si sufres una torcedura fuerte del tobillo muy probablemente vayas a sentir dolor irradiado al pie. Los ligamentos se debilitan y desgarran, la zona se inflama, cambia el tono de la piel y la articulación se vuelve rígida. El método RICE, que veremos más adelante, es esencial en este caso, pues incluye todo lo que un pie lesionado puede necesitar: descanso, ayuda para sanar, analgesia natural y protección.

Fracturas

Cuando un hueso del pie es lesionado gravemente, comenzando desde una sutil fisura o incluyendo la rotura total de la estructura ósea, sufrimos dolor. Tanto la gravedad como la zona afectada influyen en el tratamiento y en los síntomas.

En una fractura del pie, el dolor es muy fuerte, inmediato y punzante, se requiere de inmovilización casi total de la zona así como de reposo para su cura. En algunas ocasiones se requiere de cirugía, como la reconstrucción ósea con tornillos, barras o placas para mantener la posición correcta y que el hueso suelde adecuadamente. También aparecen hematomas, inflamación, sensibilidad cutánea e incluso deformidad.

Tras el tratamiento primario se comenzará a andar con ayuda de muletas, se mantendrá la inmovilización del pie y de forma progresiva se irá apoyando sin que sintamos dolor. Su tratamiento es esencial no sólo porque una rotura de hueso te impide llevar un estilo de vida normal sino porque trae consigo complicaciones como infecciones óseas, daño en los nervios o aparición de artritis.

Espolón óseo y osteofito

El espolón óseo es una pequeña deformidad que aparece en el borde de algún hueso, especialmente en las articulaciones (en este caso, entre los tarsos del pie). Aunque pueden ser asintomáticos, en los pies habitualmente sí presentan dolor al andar y, con el tiempo, cierta pérdida de movilidad tanto por el roce entre los huesos, que quedan deformados y por el propio dolor que originan.

Si esta dolencia se vuelve más grave se requerirá intervención, esta consiste en limar el osteofito, ya sea con cirugía o mediante ultrasonido, además de aconsejarse el uso de plantillas y la aplicación de frío.

Metatarsalgias

Es la inflamación del metatarso, que es la zona inmediatamente anterior a los dedos de los pies, es decir, el hueso primero que apoyamos al andar. Aparece si acostumbras a saltar o correr en exceso, si padeces deformidad en el pie o propensión a ello o si usas un calzado inadecuado.

No es una patología de gravedad pero puede resultar tremendamente dolorosa, motivo por el cual aconsejamos su tratamiento inmediato para volver a la normalidad a la mayor brevedad. Este dolor ocurre en la zona de apoyo del pie, siendo intenso y continuo y extenderse hacia los dedos, que podrían llegar a entumecerse.

El descanso y la aplicación de frío te darán el mayor alivio para los síntomas. Además, tendrás que acostumbrarte a usar plantillas para absorber los impactos y calzado ortopédico que permita la recuperación y prevenga la aparición nuevamente del problema.

Fascitis plantar

Se trata de la inflamación de la fascia plantar, un tejido grueso que ocupa la planta a lo largo del pie conectando talón y dedos. Cuando esto ocurre notas un dolor punzante en el talón y la zona más próxima, que se va reduciendo a lo largo del día pero que vuelve a agravarse al levantarnos después de dormir, o bien, después de una sesión de deporte.

Lo primero que vas a necesitar es aliviar el dolor de pies, para lo cual te aconsejamos que uses la termoterapia. En fisioterapia aprenderás a estirar la fascia plantar y el tendón de Aquiles (también hay férulas nocturnas para esto) así como ejercicios fortalecedores para los músculos.

Bursitis

Es el trastorno de inflamación de las bursas, bolsas donde se guarda el líquido sinovial que se encarga de lubricar y hacer más fácil la acción mecánica entre los huesos así como entre estos y el sistema tisular. La bursitis en el pie aparece en el dedo primero (dedo gordo del pie) y en el talón, produciendo dolor, que aumenta con el movimiento, además tendrás rigidez e inflamación, que puede acompañarse de enrojecimiento.

Se necesita reposo y frío para adormecer la zona, además de protección tanto para tu día a día como para realizar los ejercicios de rehabilitadores.

Tendinitis

Es una lesión del tendón de Aquiles que ocurre por sobrecarga, especialmente al practicar deporte o en trabajos muy repetitivos. El dolor aparece en el tobillo y se extiende hacia arriba, siendo fácil de identificar. El dolor es primero leve y agravándose con el paso del tiempo, este se siente aunque no se esté realizando ninguna actividad. En ocasiones, aparece rigidez a primera hora del día.

Es un problema sencillo que se trata con facilidad descansando y recolocando los tejidos en su lugar. La recuperación será más rápida si se mantiene baja la presión arterial. El dolor se elimina fácilmente con frío y si es necesario acudir a un fisioterapeuta para un tratamiento más específico.

Juanetes y callos

El juanete es una protuberancia de tipo óseo que aparece en la articulación de la base de los dedos 1 y 5 de los pies, por salirse los tarsos del lugar que les corresponde. La piel se vuelve tirante, se enrojece y duele. Un juanete recién aparecido no causa demasiado problema pero el dolor sí va aumentando con el tiempo, a la vez que la deformidad.

Aparecen callos por rozadura entre los dedos, lo que produce más dolor, el dedo pierde movilidad y se puede terminar por hinchar la zona. Cuidar y tratar la piel es fundamental para mantener la posición del dedo en su lugar, el uso de medias compresivas está recomendado para que el juanete no se agrave, si esto ocurre puede derivar en problemas de bursitis o metatarsalgia.

Uñas encarnadas

Un lateral de la uña se hunde en la carne blanda, lo cual produce bastante dolor, especialmente al roce, inflamación del dedo y enrojecimiento. A veces, por la propia herida que causan, puede aparecer infección, primero a nivel tópico pero, de no tratarse, podría llegar a ser ósea. Se padece de esta patología mucho más si tenemos enfermedades que reduzcan el flujo sanguíneo.

Los cuidados son sencillos y se realizan en casa, incluyendo higiene, protección y una correcta forma de cortarse las uñas para que estas no queden demasiado cortas y al crecer se incrusten en la piel.

Osteomielitis

Se trata de una infección ósea, lo cual ocurre por dos vías: a través de la sangre o por extensión, por un tejido infectado con el que el hueso esté en contacto. Las lesiones que dejan el hueso expuesto, por supuesto, también serían causa directa de ello.

Como cualquier infección, esta va a ser dolorosa, mucho en este caso, por ser de tipo óseo y por permanecer la zona en constante movimiento y friccionándola. La zona se hincha y aumenta de temperatura, llegando a enrojecerse. Además, como ocurriría en otros casos, podemos llegar a tener fiebre y sentirnos agotados.

Neuroma de Morton

Este consiste en el engrosamiento del tejido que recubre un nervio del pie, específicamente el situado en el metatarso, casi siempre entre los dedos 3 y 4. La sensación es de estar pisando una pequeña piedra o de que el calcetín se te haya plegado justo debajo. Esto provoca un dolor de carácter agudo así como ardor en la zona metatarsiana. En muchos casos, el cuadro de síntomas se extiende y vemos que también se puede sentir ardor, picor y adormecimiento en los dedos.

Este requiere de intervención quirúrgica y de una posterior utilización de zapato de horma ancha. En cualquier caso, deberás cesar en la realización de actividades de impacto y, cuando puedas volver a realizarlas, hacerlo de manera gradual, con protección (prendas compresivas, plantillas personalizadas, etc).

Enfermedad de Raynaud

Modificación de las sensaciones de los dedos por limitación del flujo de sangre. Los pies están más fríos y cambian de color tanto de manera natural como al presionarlos, aparece entumecimiento, hormigueo o dolor. Cuando conseguimos subir la temperatura de la zona, esta palpita, pica, se hincha y enrojece.

Su prevención, y también tratamiento, incluye reducir la exposición al frío, ya sea mediante vestimenta, usando la calefacción, etc. La vasodilatación, por medio de termoterapia será esencial para normalizar el flujo sanguíneo. Hay fármacos que están pensados para bloquear los canales de calcio pero que también logran este efecto y se prescriben en casos de mayor gravedad.

Enfermedad ósea de Paget

Enfermedad poco frecuente que impide el reciclaje del tejido óseo. Esto significa que no podemos reemplazar el antiguo por el nuevo. El hueso va volviéndose más frágil y, además, el conjunto de tejidos causa deformidades. Se es más dado a padecer fracturas y dolor óseo. En las piernas es habitual que se termine ejerciendo presión en las articulaciones hasta llevar a una artrosis.

Neuropatía diabética

Los nervios se deñan a causa de la diabetes, más bien por tener alta los niveles de glucosa en sangre. Según los nervios que estén afectados, notaremos entumecimiento en las piernas y en los pies, así como dolor de moderado a intenso y patologías de los vasos sanguíneos, así como padecer otros síntomas no relacionados. Por suerte, es fácil de prevenir si ya sabemos que tenemos diabetes o, de ser el caso, evitar que progrese, simplemente manteniendo estable y en su punto la glucosa.

Síndrome del túnel tarsiano

Es un cuadro sintomático variado dado por la compresión del nervio tibial, del nervio plantar medial o del lateral en la zona de los túneles de la cara interna del pie. Esto puede venir dado por motivos diversos como venas demasiado gruesas, un proceso inflamatorio interno, un esguince, tener el pie valgo o plano, etc.

Tumores

El cáncer y la tumoración hacen que el dolor de pies aparezca de diversas maneras, junto a otros síntomas en la zona como inflamación, agrietamiento, deformación de los dedos, durezas, uñas anómalas, etc. El caso más evidente es el del síndrome de mano-pie, dado por acciones como la terapia dirigida o la quimioterapia. Produce dolor intenso en la planta del pie, hinchazón, tirantez, sensibilidad con el roce, hormigueo, enrojecimiento y modificaciones como callosidades, úlceras, durezas y otras.

Verrugas plantares

Son protuberancias de la piel que aparecen tras entrar en contacto con el virus del papiloma humano. Las encontramos en las zonas de mayor soporte del pie. Estas verrugas pueden “crecer hacia dentro”, lo que realmente indica que se encuentran dentro de un callo que se ha ido formando. Tanto el propio callo como la verruga, debido al roce, se irritan, se vuelven sensibles y duelen. En ocasiones, vemos unas pintitas negras, que son vasos sanguíneos que se han coagulado.

Recuerda que las verrugas son infecciosas, de manera que debes mantener una higiene perfecta así como evitar la aparición de heridas. Es fácil que estas verrugas desaparezcan con descanso. Sin embargo, si vemos que se van extendiendo o que duelen, sí debemos actuar usando exfoliantes salicílicos, inyectables para aumentar el poder del sistema inmune o aplicando crioterapia.

Deformidad de Haglund

El hueso calcáneo crece de manera benigna más de lo normal en su zona superior. Es similar al juanete o el espolón pues, a fin de cuentas, se produce un roce indebido y una tirantez de los tejidos con dolor, inflamación muy focalizada, enrojecimiento, callosidad e imposibilidad para mantener la actividad diaria. Deberás reposar, usar calzado específico, posiblemente ortopédico, recibir ondas de choque o cirugía así como una rehabilitación y práctica de ejercicios para evitar la debilidad de los tejidos de la zona.

¿Cuáles son los síntomas y tipos de dolor que nos hacen pensar que tenemos una lesión en el pie?

¿Cuáles son los síntomas y tipos de dolor que nos hacen pensar que tenemos una lesión en el pie?

Obviamente, hay circunstancias en las que reconoceremos de sobra que estamos lesionados. Otras, sin embargo, puede que no sean tan sencillas. Para poder intuirlo, nada mejor que conocer qué otros síntomas, además del propio dolor, lo acompañan en un cuadro lesivo.

Tipos de síntomas más comunes

Ante una lesión en el pie, vas a dar con los siguientes síntomas:

  • Dolor: En función de la lesión, todo dolor va a ser más o menos intenso. Sin embargo, cuando nos hemos lesionado recientemente, lo lógico es que este sea el primero y principal de los elementos del cuadro sintomatológico que se irá presentando. Lo normal es que el dolor sea inmediato tras una lesión, si bien, es cierto que, dependiendo de esta, puede ir apareciendo de manera gradual, sobre todo en los casos de agotamiento de los tejidos.
  • Hinchazón: Resulta una manera bastante evidente de constatar una lesión. Los pies se pueden inflamar por un esfuerzo continuado, no solamente por una acción lesiva directa. Sin embargo, si estos llegan a hincharse es porque, sin duda, nuestro cuerpo está trabajando contra un mal por el que tenemos que trabajar. Lo normal es que se inflamen tobillo y empeine.
  • Enrojecimiento: No es lo habitual salvo lesión de gran impacto pero, por supuesto, hay casos en los que el pie o parte de él puede enrojecerse en acompañamiento a la inflamación (también aumentará la temperatura).
  • Hematoma: Un hematoma se produce por problemas circulatorios pero, evidentemente, si está acompañando a estos síntomas no es más que otra prueba esclarecedora de que has sufrido un golpe y que la zona está realmente afectada, con necesidad de atención.
  • Inestabilidad articular: Si la lesión es grave y se da en una zona articular, esta va a presentar inestabilidad, ya sea en tobillo como en dedo. Salvo fractura, este síntoma desaparece muy rápido en cuanto comenzamos con los cuidados postraumáticos.
  • Reducción de movimiento: Va en función del dolor, de la lesión y de la propia zona comprometida, pero, sí, el movimiento se va a ver reducido en mayor o menor medida, pues el pie es la base de soporte de nuestro cuerpo y una herramienta esencial para movernos.
  • Rigidez: Además del dolor como tal, otro motivo por el que no podamos mover los pies de manera habitual es porque se vuelvan rígidos. Esto suele ocurrir en tendones y tejidos que conectan diferentes elementos, siendo diferentes en composición a un músculo, mucho más resistente. Va de la mano con el dolor, disminuyendo con este y la notaremos, además, cuando estamos “en frío”.
  • Espasmos: Indicio claro de una incomodidad en el lugar de los tejidos o, peor aún, síntoma de daño, aunque sea temporal, de algún nervio.

Tipos de síntomas según la zona

Sabiendo qué parte del pie te duele puedes hacerte una gran idea del problema que puedes tener, y sobre todo, considerar si el daño se une a los síntomas que te contamos a continuación, que sería lo más habitual.

  • En el empeine del pie: Es una zona que, por un lado, padece de hinchazón, hormigueo por mal flujo sanguíneo y dolores óseos muy fuertes si se ha sufrido un traumatismo.
  • En el talón del pie: Raramente se da un dolor nervioso. Sí puede darse por mala pisada y sobreesfuerzo en el deporte y se siempre un dolor tosco y profundo. En cuando a los problemas estéticos de la zona, vemos que sólo se produce daño en la piel. En muchas ocasiones, este dolor aparecerá sin motivo, en reposo. La pérdida de movilidad es prácticamente un síntoma por problemas de hueso. El dolor agudo se presenta por problemas en los tejidos como por fascitis plantar o problemas en el tendón de Aquiles.
  • En la planta: La planta del pie suele doler por tenerla inflamada, algo que ocurre al padecer de fascitis. Este dolor, además, es punzante y muy agudo. Lo mismo ocurre, pero con menor intensidad, por tendinopia. La metatarsalgia, que inflama los huesos largos, también causa inflamación y dolor bastante fuerte y continuado que aumenta al andar y correr.
  • En los dedos del pie: Los problemas óseos, sin duda, son los que afectan a los dedos. La artrosis va a ser, de hecho, el motivo más lógico y común, acompañada de la artritis reumatoide. El tejido articular se va mermando, los huesos chocan y se produce un dolor seco y, además, se va perdiendo la capacidad de articular, siendo la rigidez cada vez mayor hasta el punto, con la edad y sin cuidados, de ser permanente.
  • En el tendón de Aquiles: Es poco común el dolor y aparece o bien por rotura o ya por cronificación. En cualquier caso, el dolor es muy agudo, no se puede apoyar el pie, se oyen, a veces, chasquidos, la zona se hincha y se palpa dolorosamente y notándose un aumento de temperatura. Además, no se descarta, según la gravedad, la rigidez y la dificultad para andar.
  • En los laterales del pie: Suelen darse durezas, callos y juanetes, que suponen dolor y, por supuesto, una modificación a nivel visual de la forma de nuestros pies. Por supuesto, cualquier impacto en un lado del pie hará que este duela (incluso en las zonas adyacentes).

¿Cómo podemos aliviar el dolor en los pies y piernas mediante terapias complementarias y no invasivas?

Como ocurre siempre, existen diferentes maneras de eliminar el dolor de pies sin tener que recurrir a fármacos o terapias invasivas. Por supuesto, si padecemos de una enfermedad o patología, siempre debemos tratarla para estar sanos.

Terapia de compresión

La terapia de compresión se usa muy a menudo en el alivio del dolor en los pies. Esta consiste en aplicar compresión, de diferente manera, en una parte del cuerpo que tiene una afectación.

En primer lugar, la compresión ayuda a mejorar la circulación, que ya hemos visto que es uno de los problemas que pueden repercutir en el daño y la sensibilidad así como en que nos dé hormigueo o incluso que se nos duerman los pies. De hecho, esta terapia se utiliza para trabajar los sistemas sanguíneos y linfático. Además, si hemos sufrido un traumatismo, comprimir la zona es un paso esencial del método RICE, tanto para mantener los pies en el estado más neutro posible como para favorecer la curación.

Después, sigue resultando una manera genial, usando medias elásticas o tobilleras de compresión para protegernos cuando volvamos a nuestra actividad física, a hacer deporte o a realizar distintos esfuerzos con los pies en nuestro trabajo.

Terapia de masaje

El masaje relajante para pies es esencial. Este ayuda a relajarnos antes de recibir otros masajes de mayor impacto, además, son los ideales cuando sufrimos de estrés o tenemos los pies cansados.

Este tipo de masaje se hace despacio, trabajando todas las partes del pie por igual. Se aplica una suave presión con movimientos circulares con las yemas de los dedos o con los nudillos, se aplica de arriba a abajo de la planta, acompaña con suaves fricciones en dirección paralela a la de los tejidos del pie.

Ante problemas por contracturas, tendinitis, adherencias, secuelas de lesiones musculares, etc, el masaje Cyriax puede resultar muy efectivo por su incidencia en el trabajo transversal, que ayuda a que los tejidos se recoloquen correctamente. Es preciso y conciso aunque profundo y más doloroso, apto sólo si no tenemos lesiones muy graves.

Terapia de acupresión

La acupresión, que es sencilla en la práctica pero que requiere de conocimientos teóricos, te va a ayudar a aliviar el dolor de los pies aplicándote presión sobre diversos puntos del cuerpo, denominados meridianos, y que no todos se encuentran en esta zona.

Los puntos que se deben trabajar son:

  • Fuliu KI-7 y jiaoxin KI-8: El primero está en la zona del peroné, a una altura de unos 5 centímetros desde que la tibia comienza en su zona inferior (en la zona interna y delantera de Aquiles). Esto es orientativo pero es fácil encontrarlo porque en la palpación notarás una oquedad en la zona. El segundo lo tenemos exactamente a la misma altura pero, ahora sí, sobre la zona trasera de la tibia. Se deben trabajar al mismo tiempo.
  • Dazhong KI-4 y shuiquan KI-5: Uno inmediatamente debajo del otro, los tenemos en el maleolo interior y en la depresión inmediatamente inferior.
  • Yongquan KI-1: Lo tenemos en la planta, justo en la zona más alta del arco y centrado, en línea, entre los dedos 2 y 3.
  • Weizhong BL-54 y chengshan BL-57: Ambos sirven para trabajar en las enfermedades de los pies. El primero lo tienes  sobre el músculo isquiotibial, en la zona alta y media del glúteo. El segundo se encuentra justo en la oquedad que encontramos bajo el tríceps sural (pantorrilla).
  • Shimian M-LE 5:  Está en el centro del talón, donde la fascia plantar s une al hueso. Puedes mantener la presión entre medio minuto y dos. Notarás alivio de manera radial.
  • Taichong LV-3: Muy fácil de detectar, en la zona superior del pie, entre los dos primeros metatarsos. Usa los dedos 2, 3 y 4 para activar este punto para reducir el dolor y la tensión de los músculos liberando endorfinas.
  • Zulinqi GB-41: Ídem en cuanto a que es liberador de endorfinas, pero entre los metatarsos 4 y 5. Aprieta firme y constantemente durante dos minutos usando el pulgar.
  • KL-6: Está poco más de n centímetro bajo en hueso del tobillo, en el lado interior. En este caso, aplicaremos la presión en ambos puntos a la vez, con los pulgares para eliminar la rigidez y la hinchazón de los pies.
  • Qiuxu GB-40: Lo encuentras en el hueco que tenemos frente al hueso del tobillo exterior. Con su presión se deberían mejorar estados de hinchazón general, esguinces y el dolor nervioso que produce la ciática. Presiona duramente un minuto de manera suave y otro con mayor intensidad, así durante diez minutos.
  • BL-60: Debes usar el pulgar, poniéndolo entre el tendón de Aquiles y el hueso del tobillo externo, manteniendo la presión hasta cinco minutos y repitiendo mañana, tarde y noche. Ayuda a desinflamar los pies, relaja el dolor articular, reduce el dolor de tobillos y también aumenta el flujo sanguíneo.
  • BL-62: Reduce el dolor en el tobillo y el talón así como el dolor general. Masajéalo en sentido contrario al horario, con los dedos 2, 3 y 4. Se encuentra justo debajo del hueso exterior del tobillo.

Termoterapia

La termoterapia es realmente útil cuando tu dolor de pies aparece sin motivo alguno o bien si ya existe un dolor crónico. Si no hay fisuras, fracturas o esguinces lo mejor es aplicar una buena dosis de calor tantas veces como sea necesario sobre tus pies con el uso de sacos térmicos para microondas, se recomienda que la sesión no dure más de 20-25 minutos.

También puedes acudir a la termoterapia pasados tres días desde que te lesiones si sigues sintiendo dolor en los pies, por supuesto, si no padeces de circunstancias contradictorias como hipotensión, procesos infecciosos, sensibilidad tópica, heridas aún abiertas etc.

Crioterapia

Del lado contrario estaría la crioterapia, con la que conseguimos adormecer los nervios, insensibilizar la piel y reducir el riego sanguíneo, lo que hace que el dolor y la hinchazón sean mucho menores. Está recomendado usar bolsas de gel frío o compresas frías en la zona con dolor durante unos minutos (hasta 15 minutos), de unas cuatro a seis veces al día. No usar en caso de heridas abiertas o si padeces hipersensibilidad, hipertensión, vasoconstricción, discrasias de la sangre etc.

Terapia de frío y calor

Esta terapia que también se conoce como terapia de contraste, es especialmente adecuada para tratar los problemas reumáticos, óseos y especialmente articulares así como para los casos en los que los tejidos se han empobrecido y debemos nutrirlos, por ejemplo, en rehabilitaciones.

Es, también, muy recomendable en el caso de padecer de piernas cansadas, pues estas se revigorizan fácilmente con el contraste de temperaturas. Lo que hay que hacer es tan sencillo como exponer la zona afectada a temperatura, primero, bastante alta, y, después, a baja, repitiendo en varias ocasiones.

Otras terapias alternativas efectivas

Por supuesto, tienes otras muchas maneras de hacer desparecer el dolor de tus piernas y pies de una manera poco o nada invasiva y sin ningún tipo de medicación. Echa un vistazo a algunas otras terapias complementarias o alternativas de uso extendido y efectos probados.

  • Remedios naturales con uso de plantas: Para la planta del pie, un remedio muy específico es la inmersión en una infusión de flores de manzanilla. De manera más general, tienes el baño de pies con agua fría y pulpa de pepino, que es antiinflamatorio, un ungüento de aceite de almendras y vinagre de manzana, que son relajantes y quitarán pesadez, con masaje de aceite de oliva, que es antiinflamatorio, o de eucalipto.
  • Acupuntura: Los mismos puntos que hemos visto en la terapia de acupresión se estimulan con agujas en la técnica conocida como acupuntura. En este caso, debes acudir a profesionales, pues sólo ellos conocen qué grosor de aguja deben usar en cada punto y en qué ángulo y profundidad deben introducirlas.
  • Kinesioterapia: Esta será, posiblemente, la terapia más utilizada si debes realizar una rehabilitación, pues la cura y vuelta a la normalidad se basa en el movimiento. En función del tipo de lesión que padezcas o incluso si sólo tienes algo ya crónico, habrá ejercicios en los que el experto se encargue de todo y otros en los que seas tú, con su ayuda en mayor o menor grado, quien vaya realizando los movimientos.
  • Osteopatía: La osteopatía también puede ser una muy buena opción en función de la patología que se padezca. Por ejemplo, es ideal para la fascitis plantar y su gran cuadro sintomático así como para la metatarsalgia. Un experto debe encargarse de todas las sesiones ya que esta técnica se basa en la práctica de métodos de movilidad tisular y ósea muy específicos y que requieren de la aplicación perfecta de ciertos conocimientos con actividades manuales de gran afectación para el paciente.

¿Cómo aplicar el método RICE paso a paso para reducir el dolor en los pies y tobillos?

Una de las formas más efectivas de quitar el dolor de pies es aplicando el método RICE (ahora método PRICE). Eso sí, hay que considerar si el momento es el adecuado, pues este no es producente en todas las ocasiones. Los pasos a seguir son sencillísimos y los recordarás fácilmente porque el propio nombre de la actuación ya te da las pistas.

  • Protección: Por supuesto, detén la actividad causante del dolor (deporte, andar, postura…). Debes colocar el pie en un almohadón o similar, cubrirlo, vendarlo o incluso hacer un torniquete de ser necesario y, en definitiva, hacer cualquier cosa que asegure que la lesión no irá a peor y que tus pies no se verán comprometidos.
  • Descanso: Debes cesar las actividades arduas que hagan que tu dolor sea intenso, más si cabe, todavía, si has sufrido una lesión. Eso sí, no te quedes inmóvil por completo, simplemente evita los momentos de esfuerzo y ayúdate para que andar no sea una actividad dolorosa y, por supuesto, no hagas esfuerzos que no sean necesarios hasta que no te vayas recuperando.
  • Hielo: Ponte algo frío en la zona que te duela durante hasta 20-25 minutos. Tienes cantidad de productos para elegir tanto en función de la necesidad como de tu propio gusto. Puedes, desde usar hielo envuelto en un paño hasta escoger las mejores compresas y bolsas de gel frío que son las más seguras. Debes repetir esto, como máximo, hasta seis veces al día.
  • Compresión: También tienes que comprimir la zona tanto para favorecer el drenaje de líquidos como para mantener los elementos en su sitio. Primero, ayudas a la desinflamación y a posibles empeoramientos y, segundo, ayudas a la reconstrucción de la zona, algo esencial si ha habido una lesión. Debes usar un vendaje elástico o una tobillera de compresión que no inmovilice por completo los pies pero capaz de mantener la postura adecuada.
  • Elevación: Por último, recuerda mantener tus piernas en alto siempre que te sea posible. Un ben momento, como es lógico, es cuando pares a reposar. De este modo, evitarás el exceso de flujo sanguíneo, causante del aumento de la temperatura y de la hinchazón.

¿Cómo prevenir futuros dolores de pies, tobillos y piernas?

¿Cómo prevenir futuros dolores de pies, tobillos y piernas?

Como podrás adivinar, el hecho de que el pie incluye tantas partes y se puedan dar tantos problemas hace que la lista de prevención sea inmensa. Por ello, trabajaremos de manera completa y general, dándote los consejos más importantes que sirven para prevenir de verdad, desde cero, de manera que no des pie a sufrir ninguna patología.

  • Calzado: Primero y principal es comprobar que el calzado que usas es adecuado, primero, para la actividad que realizas en cada momento y, segundo, para las propias características de tu pie, pues no todos los zapatos de un tipo, por caros o famosos que sean, son confortables y útiles para todas las personas.
  • Prendas compresivas: Además de llevar siempre los mejores zapatos, infórmate sobre qué prendas y complementos compresivos pueden serte útil. Para esto hay que tener en cuenta, también, la forma de tu pie, la compresión que se desea conseguir en cada parte.
  • Ejercicios y estiramiento: Esto es, una puesta a punto de tus pies para que puedan cargar con el peso de tu cuerpo, las horas estando de pie, andando, el deporte que haces, etc. Asesórate sobre los ejercicios que mejor pueden venirte en función de los dolores que hayas tenido y de las patologías que te afectan o a las que seas propenso. Del mismo modo, antes de comenzar el día así como de manera previa a momentos de esfuerzo, haz algunos estiramientos que incluyan giro de tobillo, extensión del empeine etc.
  • Masaje: Del mismo modo, si necesitas de un gran alivio del dolor en los pies, no descartes recibir un masaje de vez en cuando o incluso hacértelo tú mismo usando cremas refrescantes. Un momento ideal puede ser después de acabar el día, habiéndolos sumergido previamente en agua tibia con sal y aceites. De este modo, además de reducir o evitar la hinchazón, mantendrás en mejor estado los tejidos del pie, nutriéndolos, oxigenándolos, recolocándolos para que permanezcan en su lugar y, en definitiva, evitando su atrofia.
  • Alimentación: Cuida tu alimentación para que sea equilibrada. Este es un consejo de salud general que ayudará a que cualquier dolor tarde más en aparecer por el simple hecho de que tu cuerpo trabaja más adecuadamente. Si tienes la cantidad de nutrientes y la oxigenación adecuada, cada célula cumple su función al cien por cien. Esto implica tomar muchos micronutrientes, hidratarte al máximo y reducir la ingesta de alimentos poco saludables.
  • Actividad física: Mantén lubricadas tus articulaciones y en buen tono tus tejidos. Realiza alguna actividad física, incluso simplemente andar es una buena opción, Lo que se busca es que no se vayan atrofiando las partes de tus pies y, por supuesto, que no se pierda movilidad. Además, un pie en forma te permite realizar actividades de mayor impacto sin lesiones, por lo que puedes moverte más, hacer esfuerzos, etc.
  • Deporte: No sólo hay que moverse, es necesario saber cómo y cuánto. Elige aquellas actividades que no vayan a tener un mal impacto sobre tus pies, especialmente si ya los tienes sensibles. Conforme te acostumbres podrás ir añadiendo nuevos deportes a tu repertorio así como aumentar la intensidad.

¿Por qué debemos evitar las pastillas e inyecciones para aliviar el dolor en la planta del pie?

Lo primero y principal a la hora de cuestionarse por qué no tomar pastillas para el alivio del dolor de pies es, muy sencillo: porque no es necesario. Ya hemos visto que hay otras muchas formas de hacer que el dolor que sentimos ya sea al caminar, al hacer giros con los pies, al levantarnos o incluso en reposo remita e incluso desaparezca, siempre según el motivo.

Consumir un fármaco no supone más que meter en tu cuerpo una cantidad de químicos que desconoces y que, repitamos, es innecesaria. Esto supone que tu organismo modifique su actividad para adaptarse al medicamento que le introduces, algo que no debería ocurrir, pues todo componente de un fármaco nos deja efectos secundarios simplemente por consumirlos; otro asunto es que sean visibles o que sus síntomas se den a coto, medio o largo plazo, pero estar, están ahí.

Automedicarnos no es una buena idea. Además, solemos hacerlo, erróneamente, con males “menores”, pero tener algunas de las patologías en los pies que hemos visto anteriormente, sin duda, no es algo que podamos solucionar con este tipo de ingredientes tan básicos. Hay que encontrar la causa del dolor y darle tratamiento a la vez que para aliviarte, disfrutes de todas las opciones que te hemos dado anteriormente.

Lo mejor, si te siguen doliendo los pies de manera preocupante después de utilizar las terapias anteriores, crees que puedes tener un grave problema o si el dolor es cronificado, acude al médico, es lo más sensato. Allí se te hará un diagnóstico personalizado y, en caso de precisar fármacos, será un profesional quien te recete los adecuados para ti y tu situación.

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